La temporada de vectores alcanza su punto más activo con Chorotega como epicentro, mientras investigaciones internacionales reposicionan la vacuna contra el herpes zóster como protectora cardiovascular y neurológica
El boletín epidemiológico del Ministerio de Salud confirma que la región Chorotega mantiene las tasas más altas de transmisión de dengue del país, con un patrón estacional que se adelantó este año por las lluvias más tempranas de lo habitual en el Pacífico Norte.
Costa Rica acumula más de 900 casos confirmados de dengue en lo que va de 2026, según los datos del sistema de vigilancia epidemiológica del Ministerio de Salud. La región Chorotega —que incluye las provincias de Guanacaste y el norte de Puntarenas— registra las tasas de incidencia más altas del país por segundo trimestre consecutivo, con municipios como Liberia, La Cruz y Nicoya entre los de mayor transmisión activa. La región Huetar Atlántica y la Brunca completan las zonas de mayor alerta. El patrón epidemiológico de 2026 tiene particularidades que los epidemiólogos del Ministerio señalan: las lluvias llegaron dos a tres semanas antes de lo habitual en el Pacífico Norte, lo que adelantó la proliferación del mosquito Aedes aegypti y desplazó el pico de casos hacia mayo y junio en lugar de julio y agosto. Esto tiene implicaciones prácticas para los sistemas de salud regionales, que no tenían los recursos movilizados para la temporada alta en esa fecha. Los cuatro serotipos del dengue circulan en el país simultáneamente, según el laboratorio del INCIENSA. La presencia de múltiples serotipos activos aumenta el riesgo de dengue grave en personas que ya han tenido la enfermedad previamente con un serotipo diferente —la infección secundaria heterotípica es el principal factor de riesgo para la presentación hemorrágica. El Ministerio de Salud activó en junio el protocolo de alerta temprana en Chorotega y reforzó los equipos de control vectorial en los cantones de mayor incidencia. Para la población, el Ministerio reitera las medidas básicas de eliminación de criaderos de agua estancada: la mayoría de los focos de Aedes aegypti en los entornos residenciales son recipientes que acumulan agua de lluvia —floreros, neumáticos, alcantarillas, canaletas— que pueden eliminarse sin recursos especializados.
Investigaciones del King's College London y la Universidad de Stanford publicadas este año documentan que la vacunación contra el herpes zóster tiene beneficios que van más allá de la prevención de la culebrilla: protege también el sistema cardiovascular y neurológico.
Dos estudios publicados en el primer semestre de 2026 —uno del King's College London en European Heart Journal y otro de la Universidad de Stanford en Lancet Neurology— consolidaron la evidencia de que la vacuna contra el herpes zóster (en particular la vacuna recombinante Shingrix, de alta eficacia) tiene efectos protectores que van más allá de la prevención de la culebrilla. El estudio del King's College, basado en el análisis de 1,2 millones de personas en el UK Biobank, documentó que las personas vacunadas contra el herpes zóster tuvieron un 26% menos de eventos cardiovasculares mayores —ictus, infarto agudo de miocardio— en un período de seguimiento de cinco años. El mecanismo propuesto por los investigadores es doble: el virus del herpes zóster, una vez reactivado, puede dañar directamente los vasos sanguíneos al infectar las células de la pared arterial. La vacuna reduce la probabilidad de reactivación y, con ello, reduce la exposición de los vasos a esa inflamación vascular. El segundo mecanismo, más especulativo pero con evidencia creciente, es la reducción de la inflamación crónica sistémica que la infección latente por herpesvirus mantiene incluso en ausencia de síntomas clínicos. El estudio de Stanford, más pequeño pero con seguimiento más largo —diez años—, encontró que las personas vacunadas contra el herpes zóster tenían una menor incidencia de demencia en el seguimiento, con una asociación estadísticamente significativa en el subgrupo de mayores de 75 años. Los investigadores son cautelosos en no hablar de causalidad demostrada —la demencia es multifactorial—, pero la señal es suficientemente consistente para recomendar la vacuna como parte de la estrategia de salud del envejecimiento. Para la CCSS, estos datos llegan en un momento en que la vacuna Shingrix está disponible en el sistema privado pero no está incluida aún en el esquema nacional de vacunación para adultos mayores. La institución evalúa su inclusión para el plan 2027.
El lenacapavir, el inhibidor del VIH de acción prolongada desarrollado por Gilead Sciences, completó en el primer semestre de 2026 la expansión de su aprobación regulatoria como PrEP —profilaxis preexposición al VIH— a más de cuarenta países. Los ensayos PURPOSE 1 y PURPOSE 2 de fase 3, publicados en el New England Journal of Medicine en 2024 y 2025 respectivamente, documentaron una eficacia del 100% en la prevención de nuevas infecciones por VIH en los grupos estudiados —mujeres y adolescentes en África subsahariana en el primero; hombres gay, bisexuales y personas transgénero en el segundo—, con dos inyecciones subcutáneas por año como único requerimiento. La diferencia respecto al PrEP oral con tenofovir/emtricitabina (Truvada) —el estándar actual— es la adherencia. El PrEP oral requiere una pastilla diaria, y los datos de vida real muestran que la adherencia en grupos de mayor riesgo es frecuentemente inferior a la necesaria para la eficacia completa. Una inyección cada seis meses elimina ese problema de adherencia y desvincula la protección de la decisión diaria. Para la CCSS de Costa Rica, el lenacapavir aún no está disponible en el sistema público. La institución tiene el tenofovir/emtricitabina oral como PrEP disponible para personas en situación de riesgo, pero los médicos especializados en enfermedades infecciosas señalan que el acceso real al PrEP oral en el sistema público sigue siendo limitado. La negociación para la inclusión del lenacapavir en el listado de medicamentos esenciales de la CCSS depende de las negociaciones de precio con Gilead, que ofrece precios diferenciados para países de ingreso medio-bajo.
El fezolinetant —aprobado por la FDA en 2023 bajo el nombre comercial Veoza y disponible en varios países latinoamericanos desde 2025— se consolida en 2026 como el tratamiento no hormonal de referencia para los sofocos moderados a severos en la menopausia, según los informes de la Sociedad Internacional de Menopausia. El medicamento actúa bloqueando el receptor NK3 en el hipotálamo, que es el mecanismo por el que la fluctuación de estrógenos desencadena los sofocos —sin involucrar el sistema hormonal directamente. La relevancia clínica es para el grupo de mujeres que no puede o no quiere usar terapia hormonal sustitutiva: sobrevivientes de cáncer de mama con tumores hormonosensibles, mujeres con antecedentes de trombosis, y aquellas que tienen contraindicaciones para los estrógenos sintéticos. Para ese grupo, las opciones previas al fezolinetant eran limitadas: antidepresivos como la venlafaxina —con perfil de efectos secundarios significativo— o intervenciones conductuales con eficacia parcial. El ángulo que la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia señala en su guía de 2026 es el del acceso equitativo: los sofocos severos son discapacitantes para muchas mujeres —interrumpen el sueño, afectan la concentración y reducen la calidad de vida de forma medible—, pero históricamente han recibido menos atención clínica que síntomas equivalentes en hombres de la misma edad. El fezolinetant, al ser un tratamiento específico y eficaz, puede cambiar ese patrón. En Costa Rica, el fezolinetant está disponible en farmacias privadas pero no ha sido incluido aún en el formulario de medicamentos de la CCSS, lo que limita su acceso a las mujeres que pueden costear el tratamiento de forma particular.
Un estudio publicado en Nature Aging este mes por investigadores de la Universidad de California San Francisco cuantificó el impacto de la privación crónica de sueño en los marcadores epigenéticos del envejecimiento celular. El análisis comparó los patrones de metilación del ADN —el «reloj epigenético» que permite estimar la edad biológica de una célula independientemente de la edad cronológica— entre personas que duermen consistentemente menos de seis horas por noche y personas con siete a nueve horas de sueño por noche. El resultado: las personas con privación crónica de sueño mostraban marcadores de envejecimiento celular equivalentes a entre cuatro y siete años adicionales a su edad cronológica. El efecto era proporcional a la duración de la privación acumulada y se observaba en múltiples tipos de tejido, no solo en sangre. Las células del hipocampo —área del cerebro involucrada en la memoria y el aprendizaje— mostraron el mayor diferencial de envejecimiento. El contrapunto que los investigadores señalan es la reversibilidad parcial: en los participantes del estudio que adoptaron mejoras de sueño durante doce semanas, los marcadores epigenéticos mejoraron de forma estadísticamente significativa, aunque no revirtieron completamente. El sueño como factor de longevidad tiene evidencia de décadas, pero la cuantificación precisa del impacto en el reloj epigenético es la novedad de este año. Para el contexto costarricense, el dato de salud mental es relevante: el mismo informe del Ministerio de Salud que documenta el 61% de adultos con ansiedad crónica indica que la dificultad para dormir es el síntoma más frecuente reportado, lo que sugiere que el problema del envejecimiento acelerado por privación de sueño tiene dimensiones de salud pública que van más allá del caso individual.
El Ministerio de Salud confirmó seis casos de chikungunya en Costa Rica acumulados en 2026, todos en la región Chorotega —la misma que encabeza los casos de dengue. Ambas enfermedades son transmitidas por el mismo vector, el mosquito Aedes aegypti, lo que hace que las medidas de control vectorial sean coincidentes y que los brotes tiendan a coincidir geográficamente y estacionalmente. El número de casos de chikungunya es menor que el de dengue, pero su impacto clínico puede ser severo: la artritis crónica que produce en una proporción de los infectados puede durar meses o años.
La semana del 22 de junio de 2026 en salud tiene una estructura de dos velocidades. La velocidad global: el lenacapavir aprobado en 40 países como PrEP semestral, los estudios que reposicionan la vacuna del herpes zóster como protectora cardiovascular y neurológica, la investigación sobre epigenética y sueño que cuantifica el costo celular de dormir mal. Son avances preventivos de primer orden que reconfiguran lo que la medicina puede ofrecer antes de que aparezca la enfermedad. La velocidad local: dengue en Chorotega, chikungunya en las mismas regiones, la temporada de vectores en su punto más activo. El control del Aedes aegypti no requiere innovación tecnológica —requiere movilización comunitaria, eliminación de criaderos, y sistemas de salud con capacidad de respuesta que no estén sobrecargados. La paradoja costarricense de junio 2026 es familiar: el país tiene el sistema de salud más sólido de Centroamérica y una CCSS con capacidad institucional demostrada, pero enfrenta simultáneamente problemas de salud pública que son prevenibles con medidas básicas —dengue— y rezagos de acceso a innovaciones preventivas disponibles globalmente —lenacapavir, vacuna del herpes zóster— que no han llegado aún al sistema público. Ambas brechas tienen solución y ambas requieren decisión política además de recursos.