La mediación de Trump entre Rusia y Ucrania perdió impulso después de que ambas partes se acusaran mutuamente de violar el alto al fuego; las tensiones en el estrecho de Ormuz mantienen el precio del crudo en máximos.
La tregua de tres días acordada por Trump colapsó en horas; el secretario de Estado ya no habla de «avances próximos» sino de un proceso sin resultado fructífero.
El secretario de Estado Marco Rubio adoptó el lunes 11 de mayo un tono inédito sobre el proceso de paz en Ucrania, declarando que los esfuerzos de mediación de Estados Unidos «no han dado lugar a un resultado fructífero» y que las negociaciones se encuentran «estancadas», según CNN Español. La declaración llegó días después de que la tregua de 72 horas acordada por el presidente Trump —para coincidir con el Día de la Victoria ruso, del 9 al 11 de mayo— se desintegrara pocas horas después de entrar en vigor. Ucrania y Rusia se acusaron mutuamente de violar el alto al fuego desde las primeras horas. Fuerzas ucranianas reportaron ataques de artillería rusos en el Donbás durante las 72 horas de supuesta pausa; Moscú acusó a Kiev de incursiones en territorio controlado por Rusia. El intercambio de 1.000 prisioneros por bando —el único componente que llegó a materializarse parcialmente— fue el único resultado concreto del acuerdo, según Proceso y Ámbito. La posición de Trump se complica: el presidente anunció la tregua con grandes expectativas en redes sociales («estamos cerca del fin de la guerra») pero la realidad del terreno mostró que ninguna de las partes tiene incentivos suficientes para aceptar las condiciones que la otra exige. Rusia no acepta renunciar al Donbás; Ucrania no puede ceder territorio sin comprometer su marco constitucional. Para Costa Rica, el conflicto tiene impacto indirecto pero medible: el alza del petróleo derivada de la inestabilidad geopolítica amplía la presión inflacionaria sobre los precios de los combustibles locales.
El 20% del petróleo mundial pasa por el estrecho que Irán controla; mientras no haya acuerdo diplomático, la presión sobre los precios de los combustibles continuará.
Irán no ha levantado su postura de control sobre el estrecho de Ormuz, que según sus declaraciones permanece «abierto solo para sus aliados». La posición teheraní, asumida como respuesta a las sanciones y a la postura de la administración Trump, mantiene en vilo el mercado del petróleo: el barril de Brent se ubica alrededor de $82, un 5% por encima del promedio de las últimas cuatro semanas. El riesgo real de cierre total del estrecho es considerado bajo por los analistas de energía de Goldman Sachs e IEA, que señalan que Irán exporta parte de su propio crudo por rutas que dependen del tráfico del Golfo. Sin embargo, la incertidumbre sobre una posible escalada entre EE.UU. e Irán —que llegó a un intercambio de ataques militares a finales de 2025— es suficiente para mantener una prima de riesgo geopolítico en el precio. El impacto en Costa Rica es directo: RECOPE importa cerca del 97% del petróleo refinado desde los mercados internacionales, y el ARESEP ajustó los precios de los combustibles al alza en abril. Un barril sostenido por encima de $80 a finales de mayo activaría un nuevo ajuste de la fórmula de precios de combustibles para junio, según el mecanismo de revisión bimestral de ARESEP.
Apenas iniciado el alto al fuego de 72 horas del 9 al 11 de mayo, ambas partes rompieron el silencio de fuego. Ucrania reportó ataques de artillería rusa en el óblast de Donetsk durante las primeras seis horas; Rusia acusó a Kiev de lanzar drones sobre instalaciones militares en el territorio de la Federación. La única parte del acuerdo que avanzó fue el intercambio parcial de prisioneros: cada bando entregó entre 500 y 600 combatientes, por debajo del millar prometido. La tregua fue bautizada como «tres días sin guerra» por medios rusos y «alto al fuego de papel» por analistas occidentales. El Portal de El Orden Mundial y El Objetivo señalaron que ninguna de las dos partes la anunció como inicio de un proceso de paz, sino como un gesto de buena voluntad ante la presión de Trump —lo que la convertía en políticamente frágil desde el primer momento. El Kremlin nunca retiró sus condiciones previas para una negociación: reconocimiento de los territorios ocupados.
La Unión Europea adoptó esta semana una postura de cautela calculada: no quiere interferir con las gestiones de mediación de Washington, pero tampoco reducirá su apoyo a Ucrania mientras no haya un acuerdo que garantice la soberanía de Kiev. El alto representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, lo describió como «complementariedad, no sustitución» al ser consultado por periodistas en Bruselas. La posición europea es más delicada de lo que parece: varios líderes del bloque —Macron, Scholz, Meloni— han respondido a presiones de Trump para reducir el apoyo militar a Ucrania, y hay tensiones internas sobre si la UE debería presentar un plan propio de paz o dejarlo exclusivamente en manos de Washington. La cumbre del G7 de junio en Italia será el próximo punto de encuentro donde la coherencia de esa posición se pondrá a prueba. Para América Latina y Costa Rica, las negociaciones en torno a Ucrania tienen impacto indirecto: la duración del conflicto determina en parte los precios de los granos y los fertilizantes en los mercados internacionales, de los cuales Costa Rica importa el 80% de sus insumos agrícolas básicos.
El problema estructural de las negociaciones de paz en Ucrania no es la falta de voluntad diplomática de Washington; es que ninguna de las dos partes enfrentará consecuencias peores al ceder que al continuar. Rusia controla casi todo el óblast de Lugansk y el 75% de Donetsk; abandonar esos territorios equivale a aceptar que la invasión fue un fracaso estratégico y político para Putin. Ucrania, por su parte, tiene una prohibición constitucional de ceder soberanía territorial y una presión interna que hace imposible cualquier acuerdo que reconozca la ocupación rusa. Trump puede presionar con amenazas —cortar el suministro de armas a Kiev, reducir las sanciones a Moscú— pero esas herramientas tienen límites: cortar el apoyo a Ucrania sin contrapartida rusa solo premia la agresión y daña la credibilidad de EE.UU. como actor de seguridad. El secretario Rubio lo resumió con inusual franqueza: estancado. El paso siguiente, que nadie menciona aún oficialmente, es si EE.UU. acepta que este conflicto no se resuelve en el mandato de Trump y lo deja congelado como la peor herencia geopolítica de la administración.
«Los esfuerzos de mediación de Estados Unidos no han dado lugar a un resultado fructífero.» — Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU.
El conflicto entre Rusia y Ucrania superó esta semana los cuatro años de duración contados desde la invasión a gran escala del 24 de febrero de 2022. Ese umbral lo coloca entre los conflictos armados de mayor duración en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y, como advirtió el Crisis Group a principios de año, ya supera en tiempo la Primera Guerra Mundial. Los costos documentados incluyen más de 200.000 bajas militares rusas —cifra del gobierno de Ucrania, sin confirmación independiente completa— y más de 600.000 desplazados ucranianos residentes en América Latina, de los cuales cerca de 4.500 se encuentran en Costa Rica según la ACNUR.
La semana del 11 al 15 de mayo cierra con un panorama geopolítico más oscuro que el de hace diez días. La tregua ucraniana —el mayor apuesta diplomática de Trump en el conflicto— colapsó en 72 horas. Rubio admitió el estancamiento. El petróleo no baja porque Irán no abrirá Ormuz mientras no cambie el marco de sanciones. Y la UE mantiene su apoyo a Kiev sin tener ni el peso ni la claridad estratégica para lanzar su propio proceso de paz. La pregunta que domina los círculos diplomáticos en Washington, Bruselas y Kiev es la misma: ¿qué ocurre si ninguna parte cede en los próximos 12 meses? El conflicto en Ucrania podría entrar en una fase de congelamiento negociado —similar al caso de Corea del Norte desde 1953— que deja la soberanía de Ucrania pendiente de resolución indefinida. Para Costa Rica, que copreside la comisión de Derechos Humanos de la ONU este año, la posición frente a esa eventualidad tiene implicaciones diplomáticas directas.