El acuerdo de infraestructura más grande de la historia de la IA llega el mismo día que el cofundador de Microsoft advierte sobre una burbuja selectiva; el juicio Musk-OpenAI avanza hacia su veredicto.
El contrato entre Anthropic y Google, reportado por The Information el 5 de mayo, convierte a la empresa de Claude en el cliente más grande de la historia de Google Cloud, con acceso a TPUs desde 2027.
Anthropic acordó comprometer USD 200.000 millones en Google Cloud e infraestructura de chips en los próximos cinco años, según reportó The Information el 5 de mayo y confirmaron CNBC y Reuters. El acuerdo incluye acceso a unidades de procesamiento tensorial (TPU) de Google, cuya capacidad comenzará a estar disponible para Anthropic en 2027 tras un contrato de fabricación firmado con Broadcom en abril. Según Let's Data Science, el compromiso de Anthropic equivale a más del 40% del «backlog» de contratos que Alphabet reveló a sus inversores la semana anterior, lo que convierte a Anthropic en el cliente individual más relevante del negocio de nube de Google. El acuerdo está enmarcado en una estructura de inversión circular: Google ha comprometido hasta USD 40.000 millones en Anthropic como inversor, y ahora Anthropic compromete USD 200.000 millones como cliente de Google. El análisis de Kursol advierte que esta estructura crea una dependencia de proveedor (vendor lock-in) que puede ser un riesgo estratégico para Anthropic a largo plazo: si Google cambia sus términos de precios de TPU o prioriza sus propios modelos Gemini en la distribución, Anthropic tiene pocas opciones de escalar hacia una infraestructura alternativa sin costos masivos de migración. Para el mercado costarricense de IA, el acuerdo es relevante porque las empresas que ya integran los modelos Claude de Anthropic en sus flujos de trabajo —a través de la API de Anthropic o de Amazon Bedrock— pueden esperar mayor disponibilidad de capacidad de inferencia a partir de 2027, cuando los nuevos TPUs de Broadcom/Google comiencen a operar.
En entrevista al Australian Financial Review, el cofundador de Microsoft predijo que el mercado de IA se consolidará en manos de tres o cuatro gigantes, y propuso un impuesto sobre las ganancias del capital automatizado para compensar la pérdida de empleo.
Bill Gates declaró el 7 de mayo en una entrevista al Australian Financial Review que «la mayoría de las empresas de inteligencia artificial fracasarán», señalando que el mercado se consolidará en torno a empresas con infraestructura masiva y distribución global: Microsoft, Google y Apple. Gates argumentó que «es difícil para un inversor no técnico distinguir cuáles prosperarán», una advertencia implícita sobre la burbuja de valoraciones que rodea al sector. La predicción está alineada con la narrativa de concentración que otros analistas han señalado, pero lleva el peso de provenir del cofundador de la empresa más beneficiada por la ola de IA corporativa. En el mismo espacio, Gates elaboró una propuesta fiscal que ha circulado con fuerza en medios latinoamericanos: gravar a los robots y a la IA que reemplaza trabajo humano para financiar la transición laboral. «Se podría intentar desplazar la carga fiscal del trabajo —al menos del trabajo de ingresos medios o bajos— al capital, o específicamente a gravar a los robots o la IA», dijo Gates según Infobae. La propuesta no es nueva —Gates la había mencionado en años anteriores— pero en el contexto de 2026, con el desplazamiento de empleos de cuello blanco por IA siendo ya visible en múltiples sectores, adquiere mayor urgencia política. El ángulo que complica la narrativa de Gates es su posición: Microsoft es uno de los mayores beneficiarios de la ola de IA corporativa, con su inversión en OpenAI y la integración de Copilot en toda la suite de Office 365. Su llamado a gravar robots convive con la decisión corporativa de su empresa de integrar IA que reduce la necesidad de algunos perfiles laborales. Para Costa Rica, donde Microsoft tiene presencia de ventas y donde la adopción de Copilot en el sector financiero y de servicios avanza, el debate sobre impuestos a la IA tiene relevancia tributaria real en el mediano plazo.
El juicio que Elon Musk inició contra OpenAI y Sam Altman avanzó esta semana hacia su fase final en el Tribunal Superior de California. Tras el testimonio de Greg Brockman —el cofundador que describió a Musk caminando furiosamente alrededor de una mesa y dijo «pensé que me iba a golpear»— el siguiente testigo de alto perfil es el propio Sam Altman, CEO de OpenAI, cuyo testimonio se espera esta semana. El académico Stuart Russell de la Universidad de California en Berkeley también declarará como experto de parte de Musk. Un fallo antes de mediados de mayo es el escenario más probable según la cobertura de CNBC y ABC7. El caso se centra en si Musk fue traicionado en sus compromisos originales sobre la estructura de gobierno de OpenAI cuando la empresa pasó de ser una organización sin fines de lucro a adoptar una estructura de empresa con fines de lucro que excluye a Musk del control. El jurado también escuchará evidencia sobre si Altman o Brockman prometieron a Musk alguna participación de control —promesas que ambos niegan bajo juramento. Las sesiones del juicio han sido transmitidas en vivo por YouTube desde el 4 de mayo, una decisión inusual del tribunal que amplió dramáticamente la audiencia del caso. El resultado del juicio tiene implicaciones directas para el mercado costarricense de IA: si el fallo obliga a OpenAI a modificar su estructura corporativa, los términos de servicio de la API y la continuidad de los productos sobre ella podrían verse afectados. Las empresas costarricenses que construyen productos comerciales sobre la API de OpenAI tienen exposición a ese riesgo de plataforma.
BBVA formalizó en su informe de resultados del primer trimestre de 2026 que más de 80.000 de sus empleados usan ya herramientas de IA desarrolladas internamente en su operación diaria, según la columna de opinión publicada en Intelimedios el 7 de mayo. El banco, con operaciones en más de 30 países incluido México donde tiene su mayor presencia latinoamericana, apostó hace tres años por construir capacidad propia de IA en lugar de depender exclusivamente de proveedores externos, una decisión que sus analistas internos describen como generadora de ventaja competitiva sostenible frente a competidores que adoptaron el camino más rápido de integrar APIs de terceros. El eje de la estrategia de BBVA en IA es triple: herramientas de productividad interna (redacción de documentos, análisis de datos, automatización de procesos de back-office), personalización de productos financieros para clientes (ofertas de crédito, alertas de comportamiento financiero) y detección de fraude en tiempo real. El banco reportó una reducción del 23% en el tiempo promedio de atención en sus centros de contacto atribuida parcialmente a los asistentes de IA que guían a los agentes humanos durante las llamadas. En Costa Rica, el Banco Nacional y el Banco de Costa Rica han iniciado proyectos piloto de IA generativa para automatización de análisis de crédito y atención al cliente, según comunicados institucionales de 2025. La estrategia de BBVA es un referente para los bancos estatales costarricenses que buscan modernizar sus operaciones sin comprometer la estabilidad que exigen las regulaciones de la SUGEF.
Los contratos comprometidos por Anthropic (USD 200.000 millones con Google Cloud) y OpenAI (contratos multimillonarios con Microsoft Azure) representan ahora más del 50% del backlog combinado de pedidos de Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud Platform, según datos publicados por La Nación Argentina el 7 de mayo. La concentración de demanda de infraestructura en dos startups de IA refleja la magnitud del ciclo de inversión que vive el sector: el capital comprometido en infraestructura de IA en 2025-2026 supera el total de inversión en infraestructura de nube durante los primeros diez años de la computación en nube pública. El ángulo que complica este número: los contratos son compromisos de gasto a largo plazo, no ingresos actuales. Anthropic necesita generar suficientes ingresos por API y licencias empresariales para cumplir el compromiso de USD 200.000 millones en cinco años. Si el crecimiento de ingresos no sigue la trayectoria proyectada —algo que Bill Gates señaló implícitamente al decir que la mayoría de las empresas de IA fracasarán— la estructura financiera de estos acuerdos podría renegociarse. El CEO de Anthropic, Dario Amodei, publicó en el blog de la empresa que los ingresos anualizados de Anthropic superaron los USD 2.000 millones en el primer trimestre de 2026, pero no proporcionó cifras de margen operativo. Para Costa Rica, el crecimiento de la infraestructura de IA en nube tiene impacto indirecto en los precios de los servicios de cómputo: a mayor demanda de GPU y TPU, mayor presión sobre los precios de los servicios de nube que usan empresas costarricenses del sector tecnológico.
El 7 de mayo concentra dos mensajes contradictorios sobre el futuro de la industria de IA. El primero: Anthropic firma el acuerdo de infraestructura más grande de la historia del sector, apostando a que tendrá suficientes ingresos para gastar USD 200.000 millones en Google Cloud en cinco años. El segundo: Bill Gates, cuya empresa es uno de los mayores beneficiarios del ciclo de IA, advierte que la mayoría de las empresas del sector fracasarán y que el mercado quedará en manos de tres o cuatro gigantes. Ambos mensajes pueden ser simultáneamente correctos: la concentración que Gates predice puede incluir a Anthropic entre los ganadores, mientras que cientos de startups de IA con menos infraestructura y distribución no sobrevivan. De fondo, el juicio Musk-OpenAI avanza hacia un fallo que podría redefinir cómo se gobiernan las organizaciones más poderosas del sector. Para empresas costarricenses construidas sobre APIs de IA, la lección práctica es diversificar proveedores antes de que la consolidación predicha por Gates estreche las opciones.