La propuesta iraní pospone el acuerdo nuclear a cambio de reabrir el Hormuz, pero la administración Trump la rechaza en su estado actual; el USS Gerald Ford se prepara para salir del Golfo.
Teherán presentó al mediador paquistaní una fórmula que priorizaría la reapertura del Hormuz sobre las negociaciones de su programa nuclear, desacoplando los dos temas que Washington quiere vincular.
El gobierno de Irán presentó una nueva propuesta a través de mediadores paquistaníes: reabrir el Estrecho de Hormuz al tráfico comercial a cambio de que EE.UU. levante el bloqueo naval, dejando para una fase posterior el acuerdo sobre el programa nuclear. La propuesta, reportada por Al Jazeera el 28 de abril y confirmada por CNBC, busca separar los dos ejes de la negociación que el gobierno de Trump insiste en vincular. Funcionarios de la administración Trump respondieron con escepticismo. Según CBS News, el Consejo de Seguridad Nacional considera que aceptar la reapertura del Hormuz sin un compromiso nuclear vinculante eliminaría el principal punto de presión sobre Teherán. La propuesta iraní no aborda el programa de misiles balísticos ni el apoyo iraní a milicias regionales, dos puntos que Washington exige en un acuerdo final. El costo económico del bloqueo continúa acumulándose: el Estrecho de Hormuz concentra aproximadamente el 20% del petróleo que se negocia globalmente. Para Costa Rica, cuya dependencia de importaciones petroleras representa cerca del 6% del costo total de las importaciones según el BCCR, cada semana adicional de bloqueo encarece el precio del combustible local. La Refinadora Costarricense de Petróleo (RECOPE) ha indicado que sus reservas estratégicas cubren cuatro a seis semanas, pero el impacto sobre los precios al consumidor ya es visible en los surtidores.
El portaaviones más avanzado de la Marina de EE.UU. y uno de sus dos grupos de batalla activos en el Golfo está programado para retirarse en los próximos días, con las negociaciones en punto muerto.
El USS Gerald Ford y su grupo de combate se preparan para abandonar el Mediterráneo oriental y el Golfo Pérsico en los próximos días, según CBS News. La portaaviones fue uno de los tres grupos de combate desplegados durante la fase más intensa del conflicto; su retiro reduce la presencia naval de EE.UU. en la región pero no altera la política del bloqueo naval, que continúa siendo ejecutada por el USS Harry S. Truman y otras unidades. El costo acumulado estimado de la guerra asciende a USD 25.000 millones según CBS News —cifra que no incluye las reparaciones de infraestructura iraní ni el impacto económico del bloqueo del Hormuz en terceros países. Las negociaciones de alto nivel, sostenidas indirectamente a través de mediadores paquistaníes, produjeron la ronda más larga de la historia diplomática reciente EE.UU.-Irán: 21 horas en Islamabad el 11 de abril, sin acuerdo. El ángulo contrario emerge de analistas como el Center for Strategic and International Studies (CSIS): la postura maximizadora de Trump —exigir simultáneamente desnuclearización, desmantelamiento de misiles y corte de apoyo a milicias— puede ser políticamente inamovible en Washington pero es negociablemente inviable para cualquier gobierno iraní, lo que prolonga el conflicto más allá de lo que los mercados energéticos globales pueden absorber sin daño permanente.
Foreign Policy publicó el 29 de abril un análisis que describe el hedging —mantener relaciones simultáneas con potencias rivales— como la nueva normalidad de la política exterior global. El texto documenta tres movimientos de la semana: la primera cumbre trilateral entre China, el Golfo y el Sudeste Asiático; el acuerdo de seguridad restaurado entre Gran Bretaña y la Unión Europea después de años de post-Brexit; y la firma de 20 nuevos acuerdos comerciales entre Brasil y China. La lógica del hedging es racional en un mundo donde tanto EE.UU. como China ofrecen incentivos reales: Washington tiene el mercado de consumo más grande del mundo; Beijing tiene la cadena de manufactura más competitiva. Elegir uno y excluir al otro es demasiado costoso para la mayoría de los países medianos. El riesgo, según el análisis de Foreign Policy, es que el hedging sistémico dificulta la formación de coaliciones para resolver problemas globales que requieren coordinación: cambio climático, proliferación nuclear, regulación de IA. Costa Rica practica su propio hedging desde hace décadas: relaciones comerciales con China (desde 2007), el TLC con EE.UU. vigente desde 2009 y una política exterior activa en multilateralismo. La presidenta electa Laura Fernández ha señalado que mantendrá ese equilibrio pragmático, aunque ha enfatizado su agenda de fortalecer los lazos con Israel.
— Desde el Golfo Pérsico hasta el Sudeste Asiático, los Estados evitan elegir bandos y acumulan opciones: Gran Bretaña con la UE, Brasil con China, los estados del Golfo con todos.
Irán conmemoró el 30 de abril el Día del Golfo Pérsico, fecha que el gobierno de Teherán utiliza para reafirmar su reclamo de autoridad soberana sobre el Estrecho de Hormuz basado en precedentes históricos de 400 años. PressTV publicó análisis sobre la doctrina legal iraní que fundamenta el bloqueo como respuesta a una acción militar que Teherán califica de agresión ilegítima. El marco legal es disputado: EE.UU. y la mayoría de países occidentales consideran el Estrecho aguas internacionales sujetas al derecho de paso inocente; Irán argumenta que la soberanía histórica le otorga derechos de control más amplios.
El costo estimado de las operaciones militares en la guerra EE.UU.-Irán llega a USD 25.000 millones según CBS News, cifra que incluye munición, combustible, mantenimiento de los tres grupos de combate desplegados y las operaciones aéreas de la USAF desde las bases de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. El número no incluye las reparaciones de infraestructura en Irán —que analistas independientes estiman en USD 40.000 a 60.000 millones adicionales— ni el costo económico del bloqueo del Hormuz para los importadores de petróleo. El Fondo Monetario Internacional revisó en febrero sus proyecciones de crecimiento global a la baja en 0,4 puntos porcentuales directamente atribuibles a la disrupción energética. Para Costa Rica, el BCCR proyecta que un cierre prolongado del Hormuz puede añadir entre 0,3 y 0,6 puntos porcentuales de inflación local en el segundo trimestre de 2026, principalmente por el encarecimiento del combustible importado y sus efectos en transporte y producción agropecuaria.
La brecha entre las posiciones de EE.UU. e Irán en las negociaciones es estructural, no táctica. EE.UU. exige desnuclearización verificable, desmantelamiento del programa de misiles balísticos de largo alcance e interrupción del financiamiento a grupos como Hizbulá, Hamás y las milicias iraquíes —todo de manera simultánea y con mecanismos de verificación internacionales. Irán está dispuesto a discutir cada uno de esos puntos, pero no en simultáneo y no como precondición para levantar el bloqueo naval. Desde la perspectiva iraní, documentada por PBS NewsHour y el análisis de la Casa de los Comunes del Parlamento Británico, el gobierno de Khamenei no puede aceptar la desnuclearización sin un compromiso de seguridad que garantice que EE.UU. o Israel no iniciarán hostilidades convencionales una vez que Irán desmantle su capacidad disuasoria. Ese compromiso de seguridad requiere un tratado internacional que Trump no quiere y el Senado de EE.UU. muy probablemente no ratificaría. El análisis del American Diplomacy Institute (29 de abril) califica la situación de «diplomacia en crisis»: todas las partes prefieren el statu quo de ceasefire indefinido a hacer concesiones que, en casa, se percibirían como capitulación.
Abril de 2026 cierra con el conflicto EE.UU.-Irán en un equilibrio precario: ceasefire extendido indefinidamente, bloqueo naval activo, Hormuz cerrado, propuesta iraní rechazada y USS Gerald Ford saliendo del teatro de operaciones. Las negociaciones en Islamabad duraron 21 horas y no produjeron nada. La diplomacia global gira alrededor del hedging: todos los países medianos —desde Brasil hasta el Golfo, desde Gran Bretaña hasta el Sudeste Asiático— acumulan opciones en lugar de elegir bandos. Para Costa Rica, el impacto es concreto: RECOPE monitorea sus reservas y el BCCR ajusta sus proyecciones de inflación al alza. La presidenta electa Laura Fernández enfrenta su primer mes de gobierno en un ambiente donde el precio del petróleo y el costo del transporte dependen de decisiones que se toman en Washington y Teherán, no en San José.