Teherán dispara contra barcos que intentan pasar el Estrecho de Ormuz; el Fondo Monetario Internacional rebajó la proyección global por el conflicto; y Trump negocia simultáneamente en el Medio Oriente, Ucrania y el comercio internacional.
Teherán disparó contra embarcaciones que intentaban cruzar el Estrecho tras la extensión del cese al fuego anunciada por Trump el 22 de abril; Irán sostiene que el bloqueo de sus puertos es un acto de guerra que hace inviable cualquier negociación.
Irán disparó contra embarcaciones en el Estrecho de Ormuz —cuyo cierre ya desencadenó la mayor disrupción de suministro de petróleo en la historia según la Agencia Internacional de Energía— horas después de que Trump anunciara una prórroga del alto al fuego el 22 de abril. El gobierno iraní calificó la extensión de ilusoria: según Al Jazeera, Teherán sostiene que no puede haber negociación mientras sus puertos estén bloqueados por la armada estadounidense, y que el bloqueo en sí constituye un acto de guerra que invalida el cese al fuego unilateral de Washington. El círculo de condiciones mutuamente excluyentes se mantiene sin resolución: Trump exige que Irán presente una propuesta unificada antes de levantar el bloqueo; Irán exige levantar el bloqueo antes de presentar cualquier propuesta. CNN Business señaló el 13 de abril que Trump está usando el mismo modelo de presión extrema que aplicó a China en aranceles —escalar al máximo, exigir todo, y aceptar algo más que el punto de partida— pero que frente a Irán la herramienta de presión tiene un techo más claro: el Estrecho de Ormuz es el canal por el que pasa el 20% del petróleo mundial, y cualquier cierre prolongado afecta inmediatamente a aliados de EE.UU. en Europa y Asia. El impacto sobre Costa Rica opera a través del precio del petróleo: el BCCR incorporó el riesgo del conflicto iraní en sus proyecciones de inflación importada del primer trimestre de 2026. Una escalada sostenida presionaría al alza el precio de los combustibles, que incide directamente en el costo de vida y en los márgenes de transporte y logística en el país.
El Fondo Monetario Internacional publicó el 14 de abril su World Economic Outlook de primavera con la mayor rebaja de previsiones desde la pandemia, atribuida al conflicto en el Medio Oriente y al impacto de los aranceles.
El Fondo Monetario Internacional publicó su World Economic Outlook de abril 2026 con título «Global Economy in the Shadow of War», rebajando la proyección de crecimiento global al 3,1% para 2026 y al 3,2% para 2027, cifras que quedan por debajo de los promedios prepandemia y bien por debajo de las proyecciones de enero. La rebaja es la más pronunciada desde la pandemia y refleja principalmente la disrupción del conflicto en el Medio Oriente sobre las cadenas de suministro de energía, con efectos adicionales de los aranceles en el comercio global. El FMI advierte riesgos de estanflación —bajo crecimiento combinado con inflación alta— en economías emergentes particularmente expuestas al precio del petróleo. La inflación global se proyecta al alza en 2026 antes de retomar su descenso en 2027. Entre los riesgos a la baja que el Fondo identifica explícitamente: un conflicto más largo o amplio, mayor fragmentación geopolítica, y —de forma llamativa para un organismo económico— «una reasignación de expectativas en torno a la productividad impulsada por la IA» como factor que podría debilitar el crecimiento. El ángulo contrario: la proyección asume un conflicto «limitado»; si el Estrecho de Ormuz permanece cerrado más de seis semanas, las propias proyecciones del FMI quedan desactualizadas. Para Costa Rica, la proyección del OCDE estima un crecimiento del PIB del 3,5% en 2026, por debajo del 4,2% de 2025. La economía costarricense es relativamente abierta y dependiente del comercio internacional; un entorno de menor crecimiento global y petróleo más caro presiona tanto las exportaciones como el costo interno.
El presidente Trump y el presidente Volodymyr Zelenskyy declararon haber alcanzado un acuerdo en el 90-95% de los puntos de un plan de paz para Ucrania, con flecos pendientes que incluyen las garantías de seguridad para Kiev tras un eventual cese al fuego. La negociación paralela del conflicto iraní y el ucraniano por parte de la administración Trump refleja una estrategia de resolución simultánea de múltiples frentes de tensión. La cautela que rodea el anuncio es considerable: el 5-10% restante son precisamente los puntos más difíciles —presencia de tropas de paz internacionales, estatus de los territorios ocupados, y el compromiso de OTAN que Kiev exige como garantía—. Los analistas citados por Axios señalan que «90-95% acordado» en diplomacia no equivale al mismo porcentaje en cualquier otra negociación, porque los últimos puntos suelen ser los que definen el acuerdo. El impacto directo para Costa Rica es marginal: el país no tiene vínculos comerciales o militares directos con ninguna de las partes. Sin embargo, una resolución del conflicto ucraniano aliviaría parte de la presión sobre los precios de granos y fertilizantes, que afectan el sector agrícola costarricense, aunque el factor dominante en el precio de alimentos importados sigue siendo la crisis iraní.
China produce el 99% del suministro global de galio, el material que se usa en chips de alta frecuencia para defensa, comunicaciones 5G y LEDs de alta eficiencia. Las restricciones de exportación que Beijing impuso en 2023 se profundizaron a lo largo de 2025, y en 2026 el galio se ha convertido en el commodity geopolíticamente más contestado según el análisis del World Economic Forum. La dependencia de EE.UU. y Europa en este insumo es casi total: no existen capacidades de producción alternativas a escala industrial fuera de China. La tensión UE-China suma un frente adicional: la Comisión Europea enfrenta el exceso de capacidad china en vehículos eléctricos, componentes de energía solar, eólica offshore y semiconductores de gama media. El Parlamento Europeo aprobó en marzo 2026 aranceles adicionales de entre el 25% y el 45% a vehículos eléctricos chinos, escalando una disputa que combina intereses comerciales con preocupaciones de soberanía tecnológica. Beijing respondió con amenazas de aranceles a productos agrícolas europeos y restricciones adicionales en materiales críticos. El efecto para Costa Rica es difuso pero real: la dependencia en importaciones de semiconductores para electrónica de consumo y el sector de manufactura avanzada —donde Intel opera en Belén con más de 3.500 empleados— pone al país en la trayectoria de cualquier restricción en cadenas de suministro de semiconductores, aunque la dependencia importadora directa de componentes con galio representa menos del 5% del consumo industrial local.
United Airlines anunció una reducción en su proyección de ganancias para 2026 como consecuencia directa del alza en los precios del combustible de aviación derivada del cierre del Estrecho de Ormuz. La aerolínea no publicó la cifra exacta de la revisión al cierre de esta edición, pero los analistas de Oxford Economics sitúan el conflicto iraní en términos similares a la crisis energética de los años 70: escasez aguda, volatilidad cambiaria e inflación importada que se transmite con velocidad a los precios al consumidor en economías dependientes de energía importada. El índice de precios del combustible de aviación aumentó más del 30% desde el inicio del conflicto, según datos preliminares de la industria. Las aerolíneas que operan rutas hacia y desde América Latina —incluyendo United, Copa y Avianca, con vuelos hacia San José— han comenzado a evaluar la implementación de recargos por combustible que no se aplicaban desde 2022. La información sobre recargos es preliminar y proviene de analistas del sector; ninguna aerolínea ha confirmado cambios de tarifa para Costa Rica al cierre de esta edición. Para el turismo costarricense, que depende en buena parte de visitantes norteamericanos que llegan en vuelos directos, un alza sostenida en el precio del boleto de avión podría afectar la demanda en el segundo semestre de 2026.
El 23 de abril de 2026 condensa tres arcos simultáneos que definen la geopolítica del año: el conflicto iraní que no encuentra salida diplomática y presiona el precio global de la energía; la renegociación del orden comercial con China como epicentro —galio, aranceles, exceso de capacidad—; y una potencial paz en Ucrania que lleva meses siendo «inminente» sin materializarse. El FMI pone los números: 3,1% de crecimiento global en 2026, el peor resultado desde la pandemia, con inflación al alza y riesgos a la baja dominantes. Para Costa Rica, los tres arcos llegan a través de canales distintos pero convergentes: el petróleo más caro vía Ormuz, los semiconductores más lentos o caros vía la guerra del galio, y las exportaciones potencialmente más difíciles si el crecimiento global se deteriora más allá de las proyecciones. La agenda de política económica de la presidenta electa Laura Fernández, que asume el 8 de mayo, tendrá que navegar este entorno desde el primer día.