Teherán exige que Washington acepte su plan de paz de 14 puntos; Trump lo calificó de inaceptable y adelantó que los bombardeos podrían reanudarse. Israel atacó el sur de Líbano y dejó seis muertos.
El jefe negociador iraní presentó la contrapropuesta a Washington con soberanía sobre el estrecho de Ormuz como condición no negociable, poniendo el alto al fuego bajo una presión extrema.
El jefe negociador de Irán lanzó un ultimátum a Estados Unidos el lunes 11 de mayo: Teherán exige que Washington acepte el plan de paz de 14 puntos presentado la semana anterior, que incluye el reconocimiento formal de la soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz, según medios estatales iraníes citados por CNN en Español. La condición sobre Ormuz es la más sensible: el estrecho es la ruta por la que transitaba el 20% del suministro mundial de petróleo antes del cierre. Trump respondió con una frase que circuló en todos los medios: 'ni siquiera terminé de leerlo... el alto al fuego está con un enorme soporte vital'. La declaración, recogida por La Nación de Argentina, eleva la probabilidad de una reanudación de los bombardeos en las próximas 48 a 72 horas si Irán no presenta una contrapropuesta más flexible. El FMI advirtió la semana pasada que una escalada podría empujar a la economía mundial hacia una recesión, con un impacto desproporcionado sobre países importadores de petróleo como Costa Rica. El Ministerio de Planificación costarricense no ha publicado una proyección de escenario de recesión global al cierre de esta edición.
Israel ejecutó otro ataque en el sur del Líbano el lunes en la noche, mientras el conteo de víctimas desde marzo supera los 2.500 y la ONU urge un corredor humanitario.
Un ataque aéreo israelí sobre una vivienda en Kfardounine, localidad del sur del Líbano, dejó seis muertos y siete heridos en la noche del lunes 11 de mayo, según el Ministerio de Salud libanés citado por CNN en Español. El ataque ocurrió mientras el alto al fuego con Irán permanece técnicamente vigente pero cada vez más frágil. Desde el 2 de marzo, cuando comenzó la fase más intensa de los bombardeos israelíes en Líbano en el contexto del conflicto más amplio con el eje iraní, el Ministerio de Salud libanés contabiliza 2.500 muertos. La cifra incluye tanto combatientes de Hezbolá como civiles; Israel no desglosó los objetivos del ataque del lunes al cierre de esta edición. La ONU, a través de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), solicitó acceso inmediato a las zonas del sur de Líbano para entregar alimentos y medicamentos a una población estimada en 400.000 personas desplazadas desde enero. Costa Rica votó en el Consejo de Seguridad de la ONU a favor de la resolución de acceso humanitario en marzo; el texto fue vetado por EE.UU.
La ruta por la que transitaba el 20% del suministro global de crudo continúa cerrada, y los precios reflejan una prima de guerra que los mercados no descuentan todavía.
El estrecho de Ormuz permanece bloqueado para el tráfico de petroleros desde la declaración de Irán al inicio del conflicto, lo que mantiene los precios del WTI por encima de los $97 por barril y el Brent sobre los $103. El alza acumulada desde el inicio de la guerra es de aproximadamente 45%, equivalente a $30 por barril sobre el precio previo al conflicto, según los datos de mercado del lunes 11 de mayo. Esta semana el jefe negociador iraní incluyó explícitamente el reconocimiento de la soberanía sobre el estrecho como condición del plan de paz, lo que hace aún más difícil una resolución rápida: ninguna potencia occidental puede aceptar formalmente que una potencia regional controle una de las dos rutas marítimas de petróleo más importantes del mundo. Para Costa Rica, que no produce petróleo y depende en un 100% de las importaciones para satisfacer el consumo de combustibles, cada $10 de aumento en el barril equivale a un incremento de aproximadamente $120 millones anuales en la factura petrolera del país, según estimaciones del BCCR publicadas en 2025. Con el alza acumulada de $30, el sobrecoste ya supera los $360 millones anuales.
El plan de paz de 14 puntos presentado por Irán incluye, según las síntesis publicadas por medios estatales iraníes y reproducidas por Reuters y Al Jazeera, cinco condiciones de fondo: reconocimiento formal de la soberanía iraní sobre el estrecho de Ormuz, levantamiento de las sanciones económicas impuestas desde 2018, cese permanente de las operaciones militares israelíes en Líbano y Gaza, retiro de fuerzas navales estadounidenses del Golfo Pérsico y reconocimiento del programa nuclear iraní como exclusivamente civil. La condición sobre Ormuz es la que Trump rechazó primero y con más énfasis: aceptarla significaría reconocer que un estado soberano puede controlar una ruta internacional de libre navegación, lo que contradice décadas de política exterior de EE.UU. y sentaría un precedente aplicable al estrecho de Malaca, el canal de Suez y otras rutas críticas. La contrapropuesta de EE.UU., cuyo texto no fue publicado, fue descrita por funcionarios iraníes como 'una lista de demandas de rendición disfrazadas de negociación'. El diplomático europeo mediador —Francia actúa como intermediario— llamó a 'máxima contención' a ambas partes, pero no propuso un nuevo marco de negociación al cierre de esta edición.
— El texto presentado por Teherán como base para el alto al fuego incluye condiciones que van más allá del cese de hostilidades y rediseñarían el equilibrio de poder en Oriente Medio.
El Fondo Monetario Internacional publicó esta semana una actualización de sus proyecciones de riesgo que incluye por primera vez un escenario de recesión técnica global si el conflicto en Oriente Medio se extiende seis meses más. El escenario base del FMI, que asume un acuerdo de alto al fuego antes de julio, proyecta un crecimiento global del 2,9% para 2026. El escenario adverso —conflicto persistente, Ormuz bloqueado, petróleo sobre $110— reduce el crecimiento a 1,1%, una cifra que técnicamente no es recesión pero que impactaría duramente a economías pequeñas y abiertas como la costarricense. En Costa Rica, el BCCR proyecta una inflación de 3,2% para 2026 en su escenario base. Una escalada de $30 adicionales en el barril de petróleo podría elevarla hasta 5,5%, según los modelos del banco central publicados en febrero. El ángulo contrario lo aportan los analistas de Goldman Sachs, que argumentan que el mercado petrolero tiene reservas estratégicas suficientes para amortiguar un bloqueo de Ormuz durante hasta nueve meses sin llegar a escasez física. La divergencia entre el FMI y Goldman Sachs refleja distintas hipótesis sobre cuánto petróleo ruso y saudita puede reemplazar el flujo iraní.
El secretario del Tesoro de EE.UU. Scott Bessent y el canciller del Exchequer británico Rachel Reeves protagonizaron un intercambio tenso en los márgenes de las reuniones del FMI esta semana, según Reuters. La discrepancia central es sobre si los países del G7 deben coordinar una respuesta fiscal ante el alza del petróleo —posición británica— o dejar que los mercados absorban el choque sin intervención directa —posición estadounidense.
Irán lleva décadas construyendo su posición estratégica alrededor de una capacidad que ningún adversario puede ignorar: la amenaza creíble de cerrar el estrecho de Ormuz. Cuando Teherán ejerce esa amenaza, el precio del petróleo sube, las economías globales se ven presionadas y la diplomacia se apresura. Sin esa palanca, el país tiene un PIB equivalente al de Colombia —sobre $400.000 millones— y una economía bajo sanciones que lo coloca en desventaja en prácticamente todos los otros tableros. Por eso, incluir la soberanía sobre Ormuz en el plan de paz no es una demanda maximalista sin sentido: es la condición que más valora Irán internamente, porque ningún gobierno en Teherán puede sobrevivir políticamente si entrega ese activo sin obtener algo de peso equivalente a cambio. Washington sabe esto y sabe que no puede aceptarlo sin cambiar la arquitectura de seguridad de todo el Golfo. El nudo que los mediadores no han podido desatar es que EE.UU. e Irán no están negociando el mismo conflicto: Washington quiere un alto al fuego táctico que preserve el statu quo previo a la guerra; Teherán quiere un acuerdo estratégico que cambie el statu quo permanentemente. Sin que una de las dos partes ceda en ese punto de partida, las rondas de negociación son ceremonias, no procesos. Costa Rica, como observador en el Consejo de Seguridad, recibe los mismos comunicados diplomáticos que el resto pero sin influencia real sobre el desenlace.
La semana del 12 al 18 de mayo define si el conflicto en Oriente Medio escala o se acerca a una pausa. Tres dinámicas simultáneas determinan el resultado: la respuesta de EE.UU. al ultimátum iraní (se espera para antes del jueves), la posición de Francia como mediador ante una propuesta que sus aliados no pueden aceptar formalmente, y el movimiento del precio del petróleo como barómetro de las expectativas del mercado. Si el WTI sube sobre $105 esta semana, los analistas interpretarán que el mercado asigna alta probabilidad a una reanudación de hostilidades. Si baja de $94, indicaría optimismo cauteloso sobre un nuevo marco de negociación. Para Costa Rica, cada escenario tiene consecuencias directas sobre el tipo de cambio, la inflación y el costo del servicio de deuda pública en dólares.