Trump dice que casi todos los puntos están acordados excepto el nuclear; EE.UU. pausa la venta de $14 mil millones en armas a Taiwán por la guerra; el alto al fuego de Ucrania acumula violaciones y Putin insinúa un fin de conflicto.
Los enviados de Trump —Witkoff y Kushner— y los negociadores iraníes tienen 13 de 14 puntos del memorando acordados; el decimocuarto, sobre enriquecimiento de uranio, bloquea el cierre.
Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán para poner fin a la guerra iniciada el 28 de febrero de 2026 llegaron el 22 de mayo a un punto de inflexión: según Axios, que cita a tres fuentes directas de ambas delegaciones, el memorando de entendimiento (MOU) de 14 puntos tiene trece puntos cerrados y uno abierto —el relativo al programa nuclear iraní. El presidente Trump confirmó públicamente que «la mayoría de los puntos están acordados, pero el único que realmente importa, el nuclear, no lo está». Los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner coordinan las conversaciones con intermediarios del Golfo y con interlocutores directos iraníes. El punto en disputa tiene dos caras: EE.UU. exige un compromiso de no enriquecimiento de uranio por al menos 12 años —algunas fuentes hablan de 15— con inspecciones de la OIEA sin previo aviso; Irán acepta una moratoria pero se niega a desmantelar las instalaciones ni a sacar del país el uranio ya enriquecido. El Ayatolá Alí Jamenei insistió públicamente la semana pasada en que el uranio enriquecido permanece en territorio iraní. El ángulo crítico es estructural: incluso si se firma el MOU, la implementación depende de que el Congreso de EE.UU. no bloquee el levantamiento de sanciones, que el OIEA tenga acceso real a las instalaciones más sensibles, y que el gobierno iraní no cambie de posición bajo presión de los Guardianes de la Revolución. Los tres condicionantes son genuinamente inciertos. Para Costa Rica, el conflicto presiona el precio del petróleo por encima de USD 100 el barril, lo que tiene impacto directo en los precios de los combustibles domésticos regulados por ARESEP.
El jefe de la Marina estadounidense confirmó el 22 de mayo que la guerra con Irán obliga a redistribuir recursos militares y que la transferencia de equipos a Taipéi queda en suspenso hasta nuevo aviso.
El almirante a cargo de la Marina de Estados Unidos confirmó el 22 de mayo que Washington suspende temporalmente la venta de armamento a Taiwán por valor de USD 14 mil millones, comprometida bajo la administración anterior, para priorizar el abastecimiento de municiones y equipos en el frente del Golfo Pérsico activo desde febrero. La declaración, recogida por Al Jazeera, supone el primer ajuste público en la política de disuasión del Estrecho de Taiwán desde el inicio del conflicto con Irán. China interpretó la pausa como una señal positiva para el diálogo y envió por canales diplomáticos una nota pidiendo a EE.UU. que la pausa se convirtiera en una política permanente de no transferencia de armas a lo que Beijing considera su provincia. La administración Trump rechazó la caracterización. El riesgo geopolítico es de segundo orden pero real: tres meses sin transferencias de armas acordadas pueden deteriorar la capacidad de disuasión de Taiwán en un momento en que el Ejército Popular de Liberación completó un ciclo de modernización de su flota naval. La pausa tiene un efecto indirecto en Costa Rica: el país tiene relaciones diplomáticas con Taiwán desde 1949 —formalizadas y robustecidas en los últimos años— y cualquier reconfiguración del equilibrio del Estrecho afecta la agenda de cooperación bilateral.
El armisticio de tres días por el Día de la Victoria del 9 al 11 de mayo mostró más infracciones que respeto; Putin insinuó que el conflicto se acerca a su conclusión sin definir qué significa eso.
El alto al fuego pactado entre Rusia y Ucrania del 9 al 11 de mayo para el Día de la Victoria dejó un saldo de decenas de violaciones documentadas por ambos bandos antes de su vencimiento. La Monitor Mission de la ONU registró 47 incidentes durante las 72 horas de armisticio, incluyendo ataques con drones sobre infraestructura civil en la región de Sumy y bombardeos de artillería en el frente de Zaporizhzhia. El presidente Trump expresó esperanza de que el armisticio se extendiera, pero ninguna de las partes lo propuso formalmente. El presidente Vladimir Putin señaló en declaraciones recogidas por Bloomberg que el conflicto está «llegando al final», una frase que los analistas del European Council on Foreign Relations interpretan de dos maneras opuestas: una señal de apertura real para un acuerdo negociado, o una narrativa de victoria que Moscú necesita construir internamente antes de aceptar un compromiso territorial que sus propias fuerzas armadas no consiguieron. Ucrania demostró durante el período de armisticio su capacidad de atacar objetivos en profundidad en territorio ruso —incluidas refinerías y edificios residenciales en Moscú— lo que da a Kyiv una palanca negociadora que no tenía en 2024. El impacto en Costa Rica es marginal en lo inmediato, pero la guerra mantiene los precios de fertilizantes y cereales elevados en los mercados internacionales, con efectos en los costos del sector agrícola nacional.
La primera fase del plan de alto al fuego en Gaza diseñado por el equipo Trump afronta su crisis más profunda desde su anuncio: Hamas rechazó públicamente el requisito de desarme que el acuerdo contempla para avanzar a la segunda fase; Israel controla operacionalmente más del 50% del territorio de Gaza según estimaciones de organismos humanitarios de la ONU; y el intercambio de rehenes acordado en la primera fase se produjo solo parcialmente. Bloomberg describe la situación como una "guerra falsa" —un conflicto que tiene nombre de armisticio pero opera como guerra activa. El gobierno de Netanyahu enfrenta presión doméstica de los familiares de los rehenes que siguen en Gaza, que exigen priorizar su liberación sobre los objetivos militares; y presión internacional de la Corte Penal Internacional, que emitió en abril una opinión consultiva sobre la responsabilidad de mando en las operaciones en el norte de Gaza. Para Costa Rica, el efecto directo es marginal —la dependencia importadora de productos de la región es mínima— pero el gobierno Fernández tiene ante la ONU compromisos de voto en el Consejo de Derechos Humanos que esta semana generaron debate interno en la Cancillería sobre qué posición tomar frente a las resoluciones sobre Gaza.
El precio del crudo WTI superó los USD 100 el barril durante la semana del 19 al 23 de mayo, su cuarta semana consecutiva por encima de ese umbral desde el inicio de las operaciones militares en el Golfo Pérsico en febrero de 2026. La presión sobre los precios combina el riesgo sobre el tráfico por el Estrecho de Ormuz —por el que circula el 20% del suministro global de petróleo— con la incertidumbre sobre el resultado de las negociaciones del MOU entre EE.UU. e Irán. Arabia Saudita y los miembros del Golfo de la OPEP+ han aumentado producción para compensar, pero sin poder amortiguar completamente el premium de riesgo geopolítico. El ángulo contrario que los mercados ya descuentan: si el MOU se firma en las próximas dos semanas, la corrección podría ser rápida y pronunciada —entre USD 10 y 15 por barril en las primeras 48 horas, según analistas de Goldman Sachs—. Eso beneficiaría a economías importadoras netas de petróleo como Costa Rica, donde ARESEP fija los precios de combustibles con base en el promedio del Brent en los 30 días previos a la revisión. El último ajuste tarifario del ICE y RECOPE refleja los precios elevados; si el petróleo corrige, la siguiente revisión podría llevar alivio a los precios de gasolina y diésel.
El 23 de mayo resume el estado del orden internacional en 2026: EE.UU. e Irán cerca de un memorando de 14 puntos que el punto nuclear puede hacer colapsar; la pausa de armamento a Taiwán abre una ventana de incertidumbre en el Indo-Pacífico; Ucrania y Rusia violan un alto al fuego que ninguno de los dos pidió en serio; y Gaza opera como guerra activa con nombre de armisticio. El petróleo a más de USD 100 el barril traduce toda esa incertidumbre en precios concretos que llegan a la gasolinera costarricense.