El Comando Central de Estados Unidos lanzó ataques de autodefensa contra posiciones iraníes mientras los negociadores en Ginebra informaban de avances en la tercera ronda de conversaciones — la paradoja que define la geopolítica del Oriente Medio de 2026
La paradoja de la tercera semana de junio en el Oriente Medio: misiles y diplomacia en simultáneo, en el mismo arco de cuarenta y ocho horas.
El Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó el 19 de junio que lanzó ataques «de autodefensa» contra posiciones iraníes en respuesta al derribo de un helicóptero Apache de la coalición occidental. Los ataques, dirigidos a infraestructura de defensa aérea en el suroeste de Irán, ocurrieron mientras los equipos negociadores de la administración Trump y el gobierno de Teherán reportaban avances en la tercera ronda de conversaciones en Ginebra sobre el memorando de entendimiento (MOU) para pausar el programa nuclear iraní. La simultaneidad de acciones militares y avances diplomáticos refleja la lógica de negociación que ambas partes han establecido: los ataques puntuales de CENTCOM señalan a la opinión pública estadounidense que no hay capitulación; los avances en Ginebra señalan a los mercados de petróleo que el acuerdo sigue siendo posible. Fuentes anónimas citadas por Reuters indicaron que la tercera ronda redujo significativamente las brechas en dos de los cinco puntos en disputa, particularmente en el tema de las inspecciones de la AIEA y la cronología de una suspensión parcial del enriquecimiento de uranio. Para Costa Rica, el estado de las negociaciones EE.UU.-Irán tiene consecuencias directas sobre el precio del petróleo, del que el país es 100% importador. El BCCR ha documentado que la deflación de los últimos diez meses tiene al precio del petróleo como uno de sus factores principales.
Representantes de Israel y Líbano se reunieron en Washington el 18 de junio en lo que funcionarios de la administración Trump describieron como la primera negociación directa formal entre ambos países en décadas, con la demarcación de la frontera marítima y el norte de Israel como agenda principal. Las conversaciones, facilitadas por el enviado especial de Trump para el Medio Oriente, forman parte del arco más amplio de normalización que la administración busca consolidar en la región. El contexto es relevante: Israel y Líbano siguen técnicamente en estado de guerra desde 1948, aunque el alto al fuego de noviembre de 2024 detuvo el intercambio de fuego. La reunión de Washington no implica un reconocimiento diplomático formal ni un tratado de paz —ese horizonte sigue siendo largo—, pero sí establece un canal de comunicación directa que antes era inexistente. La participación de actores no estatales como Hezbolá en el proceso político libanés complica cualquier solución duradera. El impacto para Costa Rica es marginal en lo inmediato: Costa Rica reconoce al Estado de Palestina desde 2008 y mantiene relaciones diplomáticas con Israel, una posición que ha generado tensiones en Naciones Unidas en votaciones sobre los territorios. El canciller Manuel Tovar no ha emitido posición pública sobre las conversaciones de Washington.
El informe geopolítico mensual de ZeroFox señala que el Mundial 2026 está operando en un ambiente de tensión entre los tres países anfitriones —Estados Unidos, México y Canadá— que tiene consecuencias logísticas para los aficionados. Los aranceles de la administración Trump a bienes mexicanos y canadienses generan un clima político que complica la narrativa de celebración compartida. Los fanáticos mexicanos que viajan a ciudades estadounidenses para ver a su selección han reportado controles migratorios adicionales en la frontera terrestre. La FIFA no se ha pronunciado sobre la situación política entre anfitriones, limitándose a comunicados sobre la organización deportiva del torneo. La tensión geopolítica no ha afectado la operación del torneo en lo logístico, pero sí ha generado momentos incómodos en las ceremonias de apertura compartidas entre los tres países. El análisis de ZeroFox señala que la tensión podría escalar si los equipos de alguno de los tres países anfitriones se eliminan mutuamente en la fase de playoffs, lo que los algoritmos de probabilidad de torneo colocan como escenario posible. Para Costa Rica, que no participa en el torneo, la fricción comercial de la tríada anfitriona tiene un impacto indirecto: el CAFTA-DR vincula la economía costarricense con la estadounidense, y la incertidumbre arancelaria en la región afecta los planes de inversión de empresas con operaciones en múltiples países de la zona.
El ejército de Marruecos ejecutó una operación militar de precisión contra un dirigente del Frente Polisario en el Sahara Occidental, utilizando drones de fabricación turca que confirmaron la superioridad aérea que Rabat ha construido progresivamente en los últimos cinco años. La operación, reportada por medios de Oriente Medio y confirmada parcialmente por fuentes del gobierno marroquí, se produce en el contexto de un conflicto que lleva más de 50 años sin resolución definitiva y que ninguna resolución de la ONU ha logrado zanjar.
El mandato de António Guterres como Secretario General de la ONU concluye a finales de 2026, y el proceso de selección del sucesor ha empezado a tomar forma en los pasillos del edificio sede en Nueva York. La elección del próximo secretario general es uno de los actos diplomáticos más politizados del calendario multilateral: el Consejo de Seguridad debe recomendar un candidato por mayoría, y cualquiera de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— puede vetarlo. Los nombres que circulan en medios especializados incluyen representantes de Asia, América Latina y África, aunque ningún candidato tiene confirmación oficial. Costa Rica tiene un interés estratégico en el proceso: Rebeca Grynspan, la costarricense que dirige la UNCTAD, fue mencionada como posible candidata en medios nacionales, aunque el gobierno de la presidenta Fernández no ha oficializado ninguna postulación a la Secretaría General. El proceso seguirá en el segundo semestre del año.
La reunión del G20 programada para diciembre de 2026 en Florida se perfila como la más polarizada de los últimos años, con una agenda dominada por los aranceles de la administración Trump, el estado del acuerdo con Irán, la guerra en Ucrania y las tensiones tecnológicas con China. Los analistas del Tribunal Internacional de Arbitraje y think tanks como el CIDOB anticipan que la cumbre producirá un comunicado final más ambiguo que nunca, dado que el G20 opera por consenso y las posiciones de Estados Unidos y China sobre casi todos los temas centrales son incompatibles. El elemento geopolítico más incierto es el estado de la guerra en Ucrania en diciembre: si el conflicto sigue sin resolución, la presencia de Rusia en el G20 —que sigue siendo miembro— generará las mismas tensiones de protocolo que en años anteriores, con los aliados occidentales boicoteando sesiones donde participe la delegación rusa. Costa Rica, que no es miembro del G20, sigue el resultado de la cumbre como observadora. Los acuerdos o desacuerdos en materia de comercio global afectan directamente las exportaciones costarricenses, especialmente el sector de dispositivos médicos y los productos agropecuarios no tradicionales que dependen del libre comercio con los mercados de la OCDE.
La semana del 20 de junio de 2026 consolida un patrón que caracteriza la geopolítica contemporánea: la negociación y la acción militar ya no son mutuamente excluyentes. EE.UU. e Irán negocian un MOU en Ginebra y CENTCOM ataca posiciones iraníes en el mismo lapso de cuarenta y ocho horas. Israel y Líbano celebran conversaciones directas mientras Hezbolá sigue armado. Marruecos opera drones contra el Polisario mientras negocia su posición en la Unión Africana. Esta simultaneidad no es una anomalía: es la nueva normalidad de la política de poder en una era donde los canales de comunicación militar y diplomática funcionan en paralelo y donde las señales para audiencias domésticas tienen que ser distintas de las señales para la negociación real. El riesgo es la escalada no intencional: una operación táctica malinterpretada puede colapsar una mesa de negociaciones en horas. Para Costa Rica, el panorama geopolítico de la semana tiene consecuencias reales en dos frentes: el precio del petróleo (que depende del estado de las negociaciones iraníes) y el contexto de su política exterior en organismos multilaterales, donde el país tiene ambiciones de liderazgo regional pero un presupuesto de cancillería limitado para sostenerlas. La candidatura de Grynspan a la ONU es la apuesta más ambiciosa; su resultado se conocerá antes de que termine el año.