El 20 de mayo fue el Día Mundial de la Investigación Clínica; la Unión Europea publicó su primer informe de seguimiento regulatorio para ensayos clínicos; 2.200 millones de personas tienen deficiencias visuales sin atención; y un estudio Cornell-UCLA advierte sobre 150.000 citas falsas en publicaciones médicas generadas por IA.
El 20 de mayo se celebró el Día Mundial de la Investigación Clínica, fecha que conmemora el primer ensayo clínico controlado documentado de la historia: en 1747, el médico escocés James Lind dividió a doce marineros con escorbuto en seis grupos y les administró distintos tratamientos, descubriendo que los cítricos eran el remedio efectivo. Ese experimento, sencillo por los estándares actuales, estableció los principios que hoy rigen miles de estudios en todo el mundo: grupos de comparación, variables controladas y medición objetiva de resultados. Doscientos setenta y nueve años después, la investigación clínica atraviesa su transformación más acelerada. La IA permite diseñar ensayos adaptativos que ajustan sus protocolos en tiempo real según los datos que se van acumulando; la digitalización de registros médicos abre la posibilidad de ensayos descentralizados donde los pacientes participan desde su casa; y la regulación europea exige por primera vez estándares armonizados de datos entre países. El ángulo contrario que señalan varios investigadores: la aceleración tecnológica de los ensayos no resuelve el problema más persistente de la investigación clínica, que es la falta de diversidad en las muestras. El 80% de los participantes en ensayos clínicos globales sigue siendo de origen europeo o norteamericano, lo que limita la validez de los resultados para poblaciones de Asia, África y América Latina. Para Costa Rica, el Hospital San Juan de Dios y el Hospital México participan de forma intermitente en ensayos multicéntricos coordinados por la CCSS; la vinculación con redes internacionales de investigación clínica es una de las apuestas del plan estratégico del Ministerio de Salud para el período 2026-2030.
La Comisión Europea, la EMA y la HMA presentaron el 20 de mayo el primer reporte de avance sobre los objetivos regulatorios para ensayos clínicos, con reducción de tiempos y armonización de datos entre países como prioridades.
El 20 de mayo, la Comisión Europea publicó en conjunto con la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) y la Red de Jefes de Agencias de Medicamentos (HMA) el primer informe de seguimiento sobre los objetivos regulatorios para ensayos clínicos con horizonte 2030. El documento evalúa el grado de avance de los compromisos adoptados en el marco del Reglamento UE 536/2014 sobre ensayos clínicos, que entró en plena aplicación en enero de 2023 y que introdujo el portal CTIS (Clinical Trials Information System) como ventanilla única para la gestión de ensayos en los 27 estados miembros. Las principales áreas de mejora identificadas por el informe son tres: la reducción de los tiempos de aprobación de nuevos protocolos —actualmente de 30 días en teoría pero que en la práctica superan los 90 en varios países—, el intercambio de datos entre países bajo estándares armonizados de formato y privacidad, y el aumento de la participación de pacientes pediátricos en ensayos. El informe reconoce que la adopción del portal CTIS ha sido más lenta de lo esperado en cinco países, entre ellos España e Italia, lo que genera asimetría en la disponibilidad de ensayos para pacientes de distintas regiones. El ángulo contrario que señalan varios investigadores independientes: el informe mide avances procedimentales —tiempos, formatos, sistemas— pero no el indicador que más importa a los pacientes: el número de nuevos tratamientos aprobados que llegaron a la clínica más rápido gracias a la reforma regulatoria. Ese dato requiere más tiempo para evaluarse y no aparece en el documento. Para Costa Rica y otros países de América Latina, las normativas europeas de ensayos clínicos tienen efecto indirecto: las farmacéuticas que operan en zonas francas de Costa Rica —Procter & Gamble Health, Allergan— deben alinear sus protocolos de investigación y reporte con los estándares europeos cuando participan en ensayos multicéntricos con sedes en la UE, lo que eleva el costo pero también la calidad de la evidencia que generan.
La OMS emitió una alerta actualizada sobre el brote activo de cepa Bundibugyo en Ituri; la violencia en el este de la RDC impide la respuesta sanitaria completa.
La Organización Mundial de la Salud emitió esta semana una alerta actualizada sobre el brote de ébola activo en la provincia de Ituri, en el este de la República Democrática del Congo. Los datos acumulados al cierre de la semana suman 246 casos sospechosos, de los cuales 8 han sido confirmados por laboratorio, con 80 muertes sospechosas. El brote, causado por la cepa Bundibugyo del virus Orthoebolavirus, fue declarado emergencia sanitaria de importancia internacional el 17 de mayo. El factor que complica la respuesta sanitaria es el conflicto armado activo en el este de la RDC. Los equipos de rastreo de contactos de la OMS y Médicos Sin Fronteras no pueden acceder a varias zonas donde se sospecha que hay casos sin reportar, lo que hace que la cifra oficial de 246 sea probablemente una subestimación. La cepa Bundibugyo no tiene vacuna aprobada —las vacunas disponibles son eficaces contra la cepa Zaire—, lo que obliga a estrategias de contención basadas en aislamiento y rastreo, más difíciles de implementar en zonas de conflicto. El Ministerio de Salud de Costa Rica mantiene activo el protocolo de vigilancia para viajeros procedentes de la zona; la CCSS señaló que el riesgo para el país sigue siendo marginal dado que no hay rutas de viaje directas con la región afectada.
La Organización Mundial de la Salud estima que 2.200 millones de personas en el mundo tienen algún tipo de deficiencia visual, y que más de la mitad de esos casos corresponden a condiciones que podrían haberse prevenido o tratado con la tecnología actualmente disponible. La brecha no es tecnológica sino de acceso: los tratamientos para la retinopatía diabética, las cataratas y la miopía progresiva existen, pero no llegan a las poblaciones que más los necesitan en África subsahariana, el sur de Asia y partes de América Latina. El Día Mundial de la Investigación Clínica 2026 hizo foco en la investigación en salud ocular como área desatendida de la investigación farmacéutica global: los ensayos clínicos en oftalmología representan menos del 4% del total de ensayos activos en el portal CTIS de la UE, y el financiamiento privado en esta área ha decrecido en términos relativos desde 2020. Las investigaciones más prometedoras son las que combinan telemedicina —diagnóstico ocular por imagen con IA— con intervenciones quirúrgicas ambulatorias de bajo costo. Para Costa Rica, la CCSS mantiene un programa de detección temprana de retinopatía diabética en clínicas de primer nivel; el programa, que usa cámaras de fondo de ojo y lectura centralizada, ha reducido la tasa de diagnóstico tardío de ceguera diabética en un 18% desde su implementación en 2023.
Un estudio conjunto de Cornell y UCLA identificó aproximadamente 150.000 citas bibliográficas falsas en publicaciones científicas —incluyendo artículos de medicina y farmacología— generadas por modelos de lenguaje de gran escala (LLMs) utilizados como asistentes de escritura académica. Los autores que usaron chatbots para redactar o complementar sus revisiones bibliográficas produjeron referencias que parecen plausibles —título creíble, autores con nombres reales, revista existente, año coherente— pero que no corresponden a ningún artículo publicado. El fenómeno, conocido como "alucinación bibliográfica", ya es reconocido como uno de los riesgos más concretos del uso irresponsable de IA en la producción científica. El ángulo crítico que señala el propio estudio: las revistas médicas de primer nivel —The Lancet, NEJM, JAMA— han intensificado sus protocolos de verificación de referencias, pero la mayoría de las revistas de segundo y tercer nivel no tiene los recursos para hacerlo. El problema no se limita a la integridad académica: un médico que basa una decisión clínica en una revisión sistemática que cita estudios que no existen puede causar daño real a pacientes. La recomendación del estudio no es prohibir el uso de IA en investigación sino exigir la verificación manual de cada cita generada automáticamente antes de la sumisión. Para Costa Rica, la CCSS y la UCR son las principales instituciones que producen investigación médica publicable; la adopción de guías de uso responsable de IA en la escritura académica es una asignatura pendiente en ambas instituciones.
La edición del 22 de mayo cierra con tres urgencias sanitarias de distinta escala: el brote de ébola en RDC que sigue sin control por el conflicto armado, la crisis silenciosa de 2.200 millones de personas con problemas visuales sin atención, y el problema creciente de la integridad científica en la era de los chatbots. El informe regulatorio de la UE para ensayos clínicos y el Día de la Investigación Clínica ofrecen el contrapeso: hay instituciones trabajando en sistemas más robustos, aunque más lentos de lo que el problema requiere.