Mayor adherencia a dieta basada en plantas se asoció con mejores indicadores cardíacos fetales; la investigación clínica celebra su Día Mundial con reclamos de mayor inversión en salud visual.
La investigadora del Centro de Epidemiología y Políticas de Salud de la UDD presentó los resultados en el Global Exposome Summit 2026; la adherencia a dieta vegetal fue el factor más correlacionado.
Una investigadora del Centro de Epidemiología y Políticas de Salud de la Universidad del Desarrollo presentó en el Global Exposome Summit 2026, celebrado en Barcelona en mayo, un estudio que documentó que mayor adherencia materna a una alimentación basada en plantas durante el embarazo se asoció con mejores indicadores de morfología y función cardíaca fetal. La investigación analizó datos de una cohorte de mujeres embarazadas, midió su adherencia a patrones alimentarios mediante cuestionarios validados y correlacionó esos datos con mediciones de ecocardiografía fetal. El ángulo de cautela que los propios investigadores señalan: la correlación encontrada no establece causalidad. La dieta basada en plantas puede ser un marcador de otros hábitos saludables —menor consumo de alcohol, mayor actividad física, mejor acceso a cuidado prenatal— que son los factores causales reales. Se requieren estudios de intervención aleatorizada para determinar si cambiar la dieta de la madre produce el efecto cardíaco por sí solo. Para Costa Rica, la alimentación durante el embarazo es un tema de salud pública relevante: la CCSS tiene programas de control prenatal que incluyen consejería nutricional, aunque su cobertura y calidad varían significativamente entre regiones del país.
El Día Mundial de la Investigación Clínica, conmemorado el 20 de mayo, concentró este año su atención en dos frentes: la salud visual —con millones de personas sin acceso a diagnóstico y tratamiento de condiciones como cataratas, glaucoma y degeneración macular— y la distribución geográfica inequitativa de los ensayos clínicos, que siguen concentrados en Europa y América del Norte. Una columna publicada en Infobae por la Organización Mundial de la Salud visual destacó que el 90% de los ensayos clínicos en enfermedades oculares se realizan en países de ingreso alto, mientras que el 90% de la carga de ceguera evitable está en países de ingreso bajo y medio. Costa Rica tiene una posición relativamente privilegiada en Latinoamérica para participar en ensayos clínicos internacionales: el CONIS (Consejo Nacional de Investigación en Salud) tiene procesos de aprobación ética que las farmacéuticas internacionales reconocen, y la CCSS mantiene registros de pacientes que facilitan el reclutamiento para estudios. Sin embargo, la burocracia de aprobación sigue siendo un obstáculo: el tiempo promedio entre la solicitud de aprobación de un ensayo y la autorización efectiva es de 14 meses, frente a los 6-8 meses de países como Chile y Colombia.
Nuevas investigaciones exploran el potencial de la semaglutida en adicción al alcohol, enfermedad hepática grasa y demencia; el acceso sigue siendo el principal cuello de botella.
La clase farmacológica de los agonistas del receptor GLP-1 —que incluye la semaglutida (Ozempic, Wegovy) y la tirzepatida (Mounjaro)— continúa su expansión hacia indicaciones más allá del tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2. Investigaciones presentadas este mes en congresos de hepatología y neurología exploraron el potencial de estos fármacos para reducir la inflamación hepática en la enfermedad del hígado graso no alcohólico, para modular los circuitos de recompensa involucrados en la adicción al alcohol y para reducir marcadores inflamatorios asociados al riesgo de demencia. El ángulo crítico que no debe perderse en el entusiasmo: la mayoría de estas investigaciones son observacionales o están en fases tempranas de ensayo clínico. La semaglutida funciona actúa en el hígado y en el cerebro mediante mecanismos que los investigadores comprenden parcialmente, y las consecuencias a largo plazo —más allá de los cinco años de seguimiento disponibles— no están documentadas. En Costa Rica, la CCSS cubre el tratamiento con semaglutida para pacientes con diagnóstico de diabetes tipo 2 con indicadores metabólicos específicos, pero el acceso para tratamiento de obesidad sin diagnóstico de diabetes es limitado y depende de criterios restrictivos.
Una investigación publicada en Medscape España analizó los factores de riesgo que predicen la pérdida de seguimiento en personas que viven con VIH en México, con conclusiones que los epidemiólogos de la región consideran extrapolables a otros países de Latinoamérica, incluyendo Costa Rica. Los factores con mayor poder predictivo: comorbilidades de salud mental (depresión, ansiedad), consumo activo de sustancias, nivel educativo bajo, edad joven (18-24 años) y fragmentación en la atención —cuando el paciente cambia de establecimiento de salud por movilidad geográfica o por pérdida de aseguramiento. El hallazgo de mayor impacto clínico: la pérdida de seguimiento no es un fenómeno aleatorio sino una consecuencia predecible de factores estructurales que los sistemas de salud pueden identificar y atender de forma anticipada. En Costa Rica, la CCSS tiene un Programa de Atención Integral en VIH que incluye seguimiento activo de pacientes, pero la capacidad de identificar proactivamente a quienes están en riesgo de perder el seguimiento es limitada por recursos humanos en los equipos de trabajo social vinculados al programa.
Los reportes de organismos internacionales de salud publicados en mayo confirman que la salud digital dejó de ser un complemento periférico para convertirse en un eje central del modelo de atención integrada en los sistemas de salud más avanzados. La integración no es solo de plataformas tecnológicas: es de paradigma clínico. Los sistemas que mostraron mejores resultados en 2025 son los que conectan la gestión de condiciones crónicas (diabetes, hipertensión, insuficiencia cardíaca) con el apoyo a la salud mental, la consejería nutricional y el monitoreo de actividad física en un solo registro médico accesible tanto al paciente como al equipo clínico. El ángulo contrario que los defensores del modelo digital deben responder: la digitalización de la salud beneficia desproporcionadamente a las poblaciones con acceso a internet de alta calidad, con alfabetización digital suficiente y con tiempo para gestionar su salud a través de plataformas. En Costa Rica, donde la cobertura de internet de alta calidad en zonas rurales sigue siendo inferior al 60% de los hogares, un modelo de atención que dependa de aplicaciones móviles y telemedicina reproduce y amplía las desigualdades de acceso ya existentes en el sistema físico.
— Los modelos que integran salud mental, nutrición, estilo de vida y condiciones crónicas en un solo sistema digital muestran mejores resultados que los que tratan cada área de forma aislada.
El gobierno Fernández heredó la lista sin un plan de pago de la deuda estatal; los especialistas dicen que sin financiamiento no hay solución quirúrgica posible.
La lista de espera de la Caja Costarricense de Seguro Social supera las 280.000 personas, según datos de la propia institución, y los directores médicos de varios hospitales nacionales señalaron esta semana que la situación no mejorará sin resolver primero el problema financiero de fondo: la deuda del Estado con la CCSS, que permanece sin plan concreto de pago después del cambio de gobierno del 8 de mayo. Sin esos recursos, la CCSS no puede contratar el personal especializado ni la infraestructura necesaria para reducir los tiempos de espera, que en algunas especialidades —ortopedia, oftalmología, oncología— superan los dos años. El debate que los expertos en salud pública consideran urgente: la solución a las listas de espera no es solo dinero sino también redistribución del modelo de atención. Varios estudios costarricenses publicados en los últimos tres años muestran que entre el 25% y el 30% de los pacientes en lista de espera para cirugía podrían resolverse con manejo conservador (fisioterapia, ajuste de medicamentos, intervenciones de estilo de vida) si hubieran tenido acceso a ese manejo temprano. El problema está aguas arriba, en la Atención Primaria, no solo en los quirófanos.