Ensayos clínicos prometedores para lupus y artritis reumatoide; el Fondo Global alerta sobre el estancamiento en malaria; el Ministerio de Salud advierte sobre Artri Ajo King sin registro sanitario.
Los mismos principios que funcionaron para detener el SARS-CoV-2 se aplican ahora para reprogramar la respuesta inmune en enfermedades autoinmunes. Los ensayos preliminares son los más prometedores de la última década en este campo.
La tecnología de ARNm, que probó su escala global durante la pandemia de COVID-19, está siendo redirigida hacia uno de los problemas más difíciles de la medicina: las enfermedades autoinmunes, donde el sistema inmune ataca los tejidos propios del organismo. La premisa es elegante: si el ARNm puede instruir a las células para producir una proteína viral e inducir una respuesta inmune, también puede instruirlas para inducir tolerancia hacia antígenos propios —esencialmente, enseñarle al sistema inmune a no atacar las articulaciones en la artritis reumatoide o el tejido renal en el lupus. Los ensayos de fase I y II publicados entre mayo y junio de 2026 por grupos de investigación en Alemania, Reino Unido y Estados Unidos muestran resultados preliminares que los inmunólogos describen como los más prometedores de la última década en este campo. En lupus eritematoso sistémico, un ensayo con 48 pacientes reportó reducción de marcadores inflamatorios del 41% a las 24 semanas sin los efectos secundarios de inmunosupresión generalizada que caracterizan a los tratamientos actuales. En artritis reumatoide, un ensayo paralelo con 62 pacientes mostró reducción del índice DAS28 por debajo del umbral de remisión en el 38% de los participantes a las 20 semanas. En Costa Rica, las enfermedades autoinmunes representan uno de los renglones de mayor crecimiento en la consulta de medicina interna y reumatología de la CCSS, con tiempos de espera para primera cita que superan los 14 meses en algunos hospitales nacionales. Un tratamiento de ARNm efectivo y con mejor perfil de seguridad que los actuales biológicos podría transformar la ecuación de costo y acceso para la Caja.
La integración de inteligencia artificial en el diagnóstico y la selección de tratamientos basados en perfil genético y biológico avanza desde los ensayos hacia la práctica clínica rutinaria.
En 2026, la IA en medicina de precisión dejó de ser un tema de conferencias para volverse parte de la práctica clínica en los sistemas de salud más avanzados. Los sistemas que integran el perfil genético, el historial clínico, los biomarcadores biológicos y los patrones de respuesta a tratamientos anteriores para recomendar terapias personalizadas están activos en hospitales académicos de EE.UU., Alemania, Japón y Corea del Sur, y los resultados en oncología y enfermedades raras están validando el modelo. En oncología, los sistemas de IA que analizan biopsias líquidas para detectar mutaciones conductoras y recomendar la terapia dirigida correspondiente redujeron el tiempo entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento óptimo de un promedio de 34 días a 9 días en los centros que los adoptaron. En enfermedades raras —donde el diagnóstico suele tardar años por la rareza de los casos—, los modelos de IA que cruzan el cuadro clínico del paciente con la literatura de casos publicados a nivel global están acortando dramáticamente el «viaje diagnóstico». En Costa Rica, el Hospital México y el Hospital San Juan de Dios han piloteado herramientas de apoyo al diagnóstico por imagen basadas en IA, principalmente en radiología y patología. Pero la medicina de precisión en su sentido pleno —que requiere capacidad de secuenciación genómica y plataformas de análisis integrado— sigue siendo inaccesible para la mayoría de pacientes en el sistema público. El CENDEISSS tiene en su agenda la evaluación de plataformas de genómica clínica para 2027.
La Organización Panamericana de la Salud reportó 22.324 casos confirmados de sarampión en las Américas en lo que va de 2026, la cifra más alta desde que la región obtuvo la certificación de eliminación de la enfermedad en el año 2000. El brote no es uniforme: EE.UU. concentra la mayor parte de los casos —más de 2.100—, pero Venezuela, Haití y comunidades indígenas en Brasil y Colombia también registran transmisión activa. El denominador común es la caída en la cobertura de la vacuna MMR. En un número creciente de países, la cobertura cayó por debajo del 90% necesario para mantener la inmunidad de rebaño, empujada por una combinación de desinformación antivacunas amplificada en redes sociales, acceso reducido a servicios de salud primaria en zonas rurales y, en algunos países, la erosión de los programas de vacunación de rutina durante y después de la pandemia de COVID-19. Costa Rica mantiene una cobertura MMR del 95,7% y no registra casos de transmisión local en 2026. Pero el Ministerio de Salud activó alertas epidemiológicas para los puestos de entrada al país, dado el aumento de viajeros durante el Mundial FIFA 2026 —que se celebra en EE.UU., México y Canadá— y el riesgo de casos importados.
El Ministerio de Salud de Costa Rica emitió una alerta sanitaria sobre la comercialización de Artri Ajo King, un suplemento de procedencia extranjera que se distribuye en el país sin registro sanitario vigente y que se promociona con afirmaciones terapéuticas para artritis, dolor articular y presión arterial que no tienen respaldo en evidencia científica revisada por pares. El producto se vende principalmente a través de redes sociales, grupos de WhatsApp y ferias informales, apuntando a personas adultas mayores con enfermedades osteoarticulares crónicas. La estrategia de venta incluye testimonios personales y referencias a «ingredientes naturales» como argumento de inocuidad. El Ministerio aclara que la ausencia de registro sanitario no significa que el producto sea inocuo: puede contener principios activos no declarados, contaminantes o interacciones con medicamentos prescritos. La alerta instruye a la ciudadanía a verificar el registro sanitario de cualquier suplemento antes de consumirlo —el Ministerio tiene una plataforma en línea donde se puede consultar— y a reportar la venta de productos sin registro en las oficinas regionales de la institución. Los reumatólogos de la CCSS señalan que varios pacientes han llegado a consulta con cuadros de toxicidad hepática que sospechan relacionados con suplementos sin regulación.
El Fondo Global contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria publicó su informe de progreso de mitad de 2026 con una advertencia directa: por primera vez desde 2005, la tendencia a la baja en muertes por malaria se ha detenido y en varios países se registra un incremento. Los factores son múltiples —resistencia creciente del parásito Plasmodium falciparum a la artemisinina, el antipalúdico de primera línea; proliferación de mosquitos Anopheles con resistencia a piretroides; y subfinanciamiento persistente de los sistemas de atención primaria y distribución comunitaria de mosquiteros y tratamientos. La resistencia a la artemisinina, documentada primero en el sudeste asiático, ya tiene presencia confirmada en cuatro países de África oriental —Uganda, Ruanda, Eritrea y Tanzania—, lo que los epidemiólogos describen como un punto de quiebre para la carga de enfermedad en el continente. Costa Rica eliminó la transmisión endémica de malaria en el año 2000 y tiene certificación de la OPS desde 2019. Pero el país mantiene vigilancia en zonas de frontera con Panamá y en comunidades con migración de zonas endémicas de Nicaragua. El Centro Nacional de Epidemiología del Ministerio de Salud reporta casos esporádicos importados, todos tratados sin transmisión secundaria registrada.
La CCSS tiene un programa de tratamiento farmacológico para la obesidad severa —índice de masa corporal mayor a 35 con comorbilidades— que incluye semaglutida (Ozempic/Wegovy), el medicamento GLP-1 que revolucionó el tratamiento de la obesidad en los últimos tres años. El problema: la lista de espera para acceder al programa supera los ocho meses, y eso en una institución que tiene los medicamentos disponibles pero enfrenta una combinación de demanda disparada, restricciones de presupuesto y capacidad limitada de los equipos de endocrinología para gestionar el seguimiento que el tratamiento requiere. Fuera de la CCSS, el panorama es más difícil. El costo mensual de la semaglutida en el mercado privado latinoamericano oscila entre 300 y 800 dólares, dependiendo del país, la dosis y el canal de distribución. Eso pone el tratamiento fuera del alcance de la mayoría de personas que lo necesitan. La demanda insatisfecha ha generado un mercado paralelo de semaglutida falsificada o de dosis compuestas por farmacias no autorizadas, con riesgos de dosificación y contaminación que los endocrinólogos documentan con preocupación creciente. El ángulo que merece la atención que no siempre recibe: la semaglutida y los GLP-1 son medicamentos que requieren acompañamiento nutricional, psicológico y de actividad física para producir resultados sostenidos. Los estudios de seguimiento a 24 meses muestran que una parte importante del peso recuperado ocurre cuando se discontinúa el medicamento sin haber construido los hábitos paralelos. Un programa de acceso sin el soporte integral no resuelve el problema de fondo; lo pospone.
La fragmentación del modelo de salud —donde el cardiólogo trata el corazón, el psiquiatra la mente, el nutricionista la dieta y el médico de familia intenta coordinar los tres sin herramientas ni tiempo suficiente— está siendo cuestionada con creciente evidencia de que las condiciones crónicas, la salud mental y los patrones alimentarios no son problemas separados sino manifestaciones interconectadas de los mismos factores de riesgo. El modelo de atención integrada, que asigna equipos multidisciplinarios a pacientes con enfermedades crónicas complejas y trata simultáneamente la dimensión mental, nutricional y médica, muestra resultados superiores en reducción de hospitalizaciones, adherencia al tratamiento y calidad de vida reportada por los pacientes. Los sistemas de salud de Dinamarca, Canadá y Nueva Zelanda llevan entre cinco y diez años operando con este modelo en sus niveles de atención primaria. En Costa Rica, la CCSS tiene un programa piloto de atención integrada en cuatro EBAIS de la Gran Área Metropolitana que incluye psicología, nutrición y medicina familiar en una misma visita programada. El piloto, activo desde 2024, tiene resultados preliminares que la Dirección de Atención Primaria describe como «alentadores» pero no ha publicado los datos en detalle. Los profesionales de salud que participan señalan que el principal obstáculo no es el modelo sino el tiempo: cada caso integrado requiere el doble del tiempo de consulta estándar, y la carga de pacientes no disminuyó para acomodar ese cambio.
Los ultraprocesados —alimentos industriales con alta densidad calórica, bajo valor nutricional y aditivos diseñados para maximizar el consumo— están en el centro de una oleada regulatoria que en 2026 alcanzó masa crítica. Chile, México, Colombia y Brasil tienen legislación de etiquetado frontal activa. En Europa, varios países impulsan restricciones de publicidad dirigida a menores y eliminación de ultraprocesados en comedores escolares. El respaldo científico es ahora suficientemente sólido para que las guías nutricionales lo integren con claridad. Los estudios de cohorte publicados entre 2023 y 2026 asocian el consumo elevado de ultraprocesados con mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, depresión y ciertos tipos de cáncer, con magnitudes de asociación comparables a las del tabaco en sus primeras décadas de estudio epidemiológico. Costa Rica actualizó su política de alimentación y nutrición en 2025 e incluyó la regulación de ultraprocesados como objetivo. La implementación práctica está pendiente: el etiquetado frontal obligatorio tiene una fecha de entrada en vigor para enero de 2027, pero los mecanismos de cumplimiento y las restricciones en el entorno escolar siguen en consulta pública. La Asociación de Consumidores señala que la industria alimentaria ha presentado objeciones que han ralentizado el proceso.