El informe de estadísticas mundiales de salud 2026 confirma que los avances en VIH y tabaco conviven con retrocesos en malaria y sobrepeso infantil; el brote de ébola en RDC suma 246 casos sospechosos.
El informe de estadísticas mundiales de la OMS publicado el 13 de mayo da una señal de alarma sin precedente: por primera vez desde 2015, ningún indicador sanitario va en curso de cumplir los compromisos de los ODS para 2030.
La Organización Mundial de la Salud publicó el 13 de mayo su informe anual de estadísticas mundiales de salud 2026 con una conclusión que el director general Tedros Adhanom calificó de "llamada a la acción urgente": por primera vez desde la adopción de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en 2015, ninguno de los 13 indicadores sanitarios monitoreados muestra avances suficientes para cumplir los compromisos de 2030. Los principales avances de la década —reducción de infecciones por VIH del 40% desde 2010, caída del consumo de tabaco y reducción del 36% en enfermedades tropicales desatendidas— conviven con retrocesos en malaria (+8,5% desde 2015), sobrepeso infantil, anemia y violencia de género. La causa principal del estancamiento es la crisis de financiación de la salud global: los recortes en ayuda bilateral de salud de EE.UU. bajo el gobierno Trump, combinados con el impacto durable de la pandemia de COVID-19 sobre los sistemas sanitarios de países de ingreso bajo y medio, han revertido logros de dos décadas en algunos indicadores. El ángulo contrario que señala el propio informe: los países que mantuvieron inversión en sistemas de salud primaria durante y después de la pandemia —Ruanda, Bangladesh, Uruguay— muestran trayectorias divergentes positivas que demuestran que el retroceso no es inevitable. Para Costa Rica, la CCSS opera con una cobertura universal que la ubica entre los tres mejores sistemas de salud de América Latina según el índice de acceso y calidad del Lancet; sin embargo, el envejecimiento de la población proyecta presiones financieras que el BCCR ya incluyó en sus escenarios de deuda pública a largo plazo.
El brote declarado emergencia sanitaria internacional el 17 de mayo crece en la provincia de Ituri; la cepa Bundibugyo no tiene vacuna aprobada, lo que obliga a estrategias de contención por aislamiento.
Al 16 de mayo, la Organización Mundial de la Salud reportaba 8 casos confirmados por laboratorio, 246 casos sospechosos y 80 muertes sospechosas en el brote de ébola activo en la provincia de Ituri, en el este de la República Democrática del Congo. La cepa responsable es Bundibugyo, una de las cinco cepas del virus Orthoebolavirus conocidas. La OMS declaró el brote emergencia sanitaria de importancia internacional el 17 de mayo. La ausencia de vacuna aprobada para la cepa Bundibugyo es el factor más preocupante: las vacunas Ervebo (rVSV-ZEBOV) y Ad26.ZEBOV/MVA-BN-Filo de Johnson & Johnson son eficaces contra la cepa Zaire pero no han demostrado eficacia cruzada contra Bundibugyo en ensayos clínicos. La OMS instó a acelerar ensayos con vacunas experimentales. El riesgo de propagación internacional es calificado por la OMS como bajo, dado que el virus se transmite únicamente por contacto directo con fluidos de personas infectadas o fallecidas, y la detección activa de la cadena de contactos en Ituri ha identificado los tres grupos familiares de mayor riesgo. El Ministerio de Salud de Costa Rica activó el protocolo estándar de monitoreo de viajeros procedentes de la zona; la CCSS señaló que no hay vuelos directos desde RDC y que el riesgo para el país es marginal al cierre de esta edición.
El informe OMS 2026 documenta la paradoja de la última década: los avances en enfermedades controlables con tecnología existente conviven con retrocesos en enfermedades donde la cobertura de prevención depende de financiación sostenida.
El informe OMS 2026 incluye datos concretos sobre dos trayectorias opuestas. Las nuevas infecciones por VIH cayeron un 40% entre 2010 y 2024, el consumo de tabaco descendió en todos los grupos de edad y el número de personas que requieren intervenciones por enfermedades tropicales desatendidas se redujo un 36%. Los programas de tratamiento antirretroviral —que en 2024 llegaban a 38,4 millones de personas en el mundo— son el ejemplo más citado de éxito de la cooperación multilateral en salud. En el otro lado de la balanza, los casos de malaria aumentaron un 8,5% desde 2015, con el mayor deterioro en África subsahariana donde la interrupción de la distribución de mosquiteros durante la pandemia de COVID-19 dejó una ventana de reinfestación que todavía no se ha cerrado. El sobrepeso infantil —definido como IMC sobre el percentil 95 en menores de 10 años— creció en todas las regiones excepto el Pacífico occidental. La anemia afecta al 39,8% de las mujeres en edad reproductiva en países de ingreso bajo y medio, sin mejora documentada desde 2010. Para Costa Rica, la malaria es endémica en zonas del Caribe Sur y la Zona Norte; el Ministerio de Salud reporta entre 350 y 500 casos anuales confirmados, una cifra estable pero con variabilidad por condiciones climáticas.
La Red de Evaluación de Tecnologías de Salud de las Américas (RedETSA), coordinada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), celebró esta semana sus Jornadas de Evaluación de Tecnologías Sanitarias con la participación de 43 instituciones de 21 países, entre ministerios de salud, agencias regulatorias y centros académicos. El foco fue la armonización de metodologías de análisis costo-efectividad para que los países de la región puedan comparar sus evaluaciones de medicamentos y dispositivos médicos con criterios comunes. Para Costa Rica, el Centro Nacional de Referencia para la Evaluación de Tecnologías en Salud (CONIS) —que depende del Ministerio de Salud y asesora a la CCSS en sus decisiones de incorporación de medicamentos al cuadro básico— participó en la reunión. La CCSS incorporó en 2025 seis nuevos medicamentos oncológicos y dos terapias génicas al amparo de evaluaciones del CONIS; la participación en RedETSA permite a Costa Rica acceder a evaluaciones realizadas por Brasil, México y Chile antes de invertir recursos propios en estudios de equivalencia.
El informe OMS 2026 reveló que a finales de 2025 solo el 18% de los países del mundo reportaba datos de mortalidad a la organización dentro del plazo de un año, y que casi un tercio nunca ha reportado datos de causas de fallecimiento con desglose suficiente para el análisis epidemiológico. Sin datos confiables, la planificación de salud global opera con estimaciones que pueden subestimar o sobreestimar la magnitud de problemas como la malaria o la mortalidad materna en decenas de miles de casos. El ángulo contrario que señalan varios epidemiólogos: los países que no reportan con puntualidad no lo hacen porque no les importe, sino porque carecen de los sistemas de registro civil digital que permiten la captura y transmisión automatizada de datos. La inversión en infraestructura de datos de salud —no solo en hospitales y medicamentos— es una de las palancas más costo-efectivas para mejorar la respuesta sanitaria global, pero es una de las menos glamorosas y financiadas. Costa Rica es uno de los pocos países de América Latina con un sistema de estadísticas vitales que cumple los estándares de calidad de la OMS; el INEC publica datos de mortalidad anuales con desglose por causa, edad y sexo dentro del año siguiente al período reportado.
El 21 de mayo sintetiza una semana de noticias de salud marcada por la señal de alarma de la OMS: los avances en VIH y tabaco no compensan el retroceso en malaria y la fragilidad general del sistema. El ébola en RDC agrega tensión a un mapa sanitario global ya debilitado. La evaluación de tecnologías sanitarias en la OPS y el trabajo del CONIS costarricense apuntan a que la respuesta eficiente requiere sistemas y datos, no solo recursos.